jueves, 22 de mayo de 2014

INSOMNIO

INSOMNIO



Soñar despierta es mucho mejor que dormir


Yo no duermo mucho. Mis horas de sueño oscilan entre 3 y 7 horas diarias como máximo. Lo usual son 5 horas, y media hora de remolear en la cama con mis gatos. Sí, no hay nada más divertido que negarse a despertar y quedarte tirada en la cama con los ojos cerrados y totalmente consciente de tu alrededor. Me toma mucho trabajo dormirme, pero cuando lo logro, un terremoto me sirve de arrullo (eso literalmente sucedió una vez). Aún así, este estado de piedra dura poco y a las 7 de la mañana mis gatitos comienzan a exigir ser alimentados y no hay forma de decirles que no a sus majestades. Finalmente acabo por levantarme. Es imposible para mí dormir de más. 

Después de mucho pensarlo he llegado a la conclusión de que mi insomnio se debe a mi costumbre de soñar despierta. Yo no puedo apagar mi cerebro y dejar de pensar, y cuando no hay nada concreto en lo qué pensar, fantaseo. Eso es mucho más común de lo que yo creía (así es, no soy nada extraordinaria). Resulta que los seres humanos pasamos el 75% de nuestro tiempo despiertos fantaseando. ¿Hermoso, no? Significa que la mayor parte de nuestra vida transcurre entre sueños. Así que nuestra percepción de la realidad es muuuucho más subjetiva de lo que nos gustaría admitir.

El problema conmigo es que cuando se apaga el cielo y es hora de dormir, mi mente se niega a abandonar esas fantasías. En serio, lo intento con fuerza, pero no, simplemente mi imaginación se niega a descansar. 

A veces fantaseo con conversaciones que tengo con un público no específico. Como no me gustan los temas polémicos (mi lema es "de política, de religión y de fútbol NO se habla, JAMÁS) suelo tener largas conversaciones conmigo misma. Si alguna vez me ven muy seria y moviendo los labios como borracha, sepan que estoy teniendo un interesantísimo debate conmigo mismo acerca del calentamiento global, las políticas del presidente Santos, la nueva película de Godzilla, el aborto o cualquier otro tema del cual no estoy dispuesta a conversar con nadie.

PERO el 80% del tiempo estoy fantaseando con una larga saga que llevo imaginando desde los 12 años. Es un poco vergonzoso admitirlo, pero a esa edad yo no tenía ningún amigo y veía mucho anime, así que me inventé un montón de personajes imaginarios (con poderes sobrenaturales y apariencias extrañas, así, bien manga-otaku-friki) y en los momentos de soledad interactuaba con ellos en mi mente. Usualmente me imaginaba que venían a rescatarme, ya fuera de una persona que me estaba molestando o de una situación triste o estresante. Sin embargo, poco a poco esos personajes y sus historias se fueron volviendo más complejas y cada vez se sentían más reales. Se supone que los amigos imaginarios se van cuando creces, pero los míos siguen allí. Ellos actúan de acuerdo con mis emociones. Si estoy enfadada, amenazan con destruir el planeta entero. Si estoy feliz, sonríen, bromean y me llevan a mis lugares favoritos. Si estoy triste, prometen llevarme a un lugar mejor donde todo se hará de acuerdo a mi gusto. Y así sucesivamente. Lo sé, suena muy solitario, pero la realidad no me gusta lo suficiente y prefiero tener amigos así. Es egoísta, porque yo los controlo a mi antojo. Probablemente no debería considerar eso "amistad". Probablemente no debería querer compañeros a los cuales pueda manejar como títeres. Pero la "gente de verdad" me ha decepcionado muchas veces. Prefiero jugar este juego en el que yo misma pongo todas las reglas.

Pero ¡hey! Sí tengo algunos amigos de verdad y son geniales. No obstante ellos no pueden estar conmigo todo el tiempo (es lo malo de la "gente de verdad", no puedes invocarlos cuando quieras).

Siempre he querido escribir las cosas que imagino, así que voy a probarlo. ¿Quieren saber qué es esa historia que llevo 8 años construyendo? ¿Quieren saber en qué va la extraña saga? ¡Lean la próxima entrada!

"Y el riachuelo, me podría contar del mundo aquel, que siempre he de buscar. ¿Quién pudiera algún día vivir las maravillas que soñé feliz?"


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