martes, 12 de agosto de 2014

VIVE Y DEJA MORIR

VIVE Y DEJA MORIR


Cuando era niña era una nerd. Aún lo soy pero antes lo era aún más y me gustaba mucho serlo. Me sentía orgullosa de mis buenas calificaciones, de siempre tener las respuestas correctas, de que mis compañeros se pelearan por hacer los trabajos y tareas conmigo, de que los maestros me tuvieran en alta estima y siempre esperaran lo mejor de mí. Pero eso también venía con una actitud para "ayudar" y "corregir" a los demás que no era nada popular. Siempre que llegaba a clases mis compañeros me pedían mi cuaderno para comparar mis respuestas a las suyas y muchas veces copiarme, por eso asumí que todos pensaban que mi trabajo era mejor que el suyo. Comencé a comparar las asignaciones de otros a las mías. Casi siempre estaba corrigiendo a mis compañeros y diciéndoles "eso está mal, es así", "te van a poner 0", "corrige eso" y yo pensaba que los ayudaba pero ellos sólo me veían como una engreída y una molesta. Un día finalmente me lo dijeron y ese día entendí algo: a la gente no le gusta que le corrijan sus errores ni que les digan que están equivocados ni que les ayuden cuando no lo han pedido. Al menos no a la mayoría. Desde entonces desarrollé una política personal de "vive y deja morir".

El asunto es este, para ayudar a alguien tienes que saber dos cosas: lo que quieren y lo que en realidad necesitan. Además, si el deseo y la necesidad están en conflicto debes decidir si complacer a la persona o darle lo que le conviene pero no quiere, tienes que tomarte la libertad de escoger por otra persona lo que es mejor para ella. Pero ¿cómo saber lo que la gente realmente quiere? ¿Cómo saber lo que necesita? ¿Cómo elegir? ¿Qué nos da el derecho? Si se trata de una trivialidad como una tarea de la escuela no hay problema. Tampoco si es algo obvio como ayudar a levantarse a alguien que se acaba de caer. Pero hay veces en las que la persona necesita ayuda pero no la acepta o pide ayuda cuando en realidad no la necesita. Y hay veces en las que la persona pide ayuda y parece necesitarla pero en realidad le convendría más aprender a resolver sus problemas por sí sola.

Este dilema, o más bien problema, me recuerda la fábula del hombre y la mariposa. Un hombre ve un capullo de mariposa que está a punto de reventar y se dispone a ver surgir al insecto. Pero  la mariposa se tarda. Poco a poco se asoma el torso y las antenitas pero pasa un largo rato y parece que está teniendo problemas para salir. Temeroso de que se ahogue, el hombre toma un par de tijeras y abre el capullo para que la mariposa pueda salir más fácilmente. La mariposa cae al suelo y comienza a retorcerse. Su cuerpo rechoncho y sus alas plegadas no le permiten moverse ni volar: está inválida. Resulta que las mariposas necesitan del ejercicio y el esfuerzo que conlleva salir de la crisálida para estirar su cuerpo y sus alas y ser capaces de volar. De lo contrario se atrofian. Por querer ayudar, el hombre condenó a muerte a la mariposa. Esta fábula enseña un principio simple que es la base de mi filosofía: a veces hay que dejar que las personas luchen sus propias batallas y consigan la felicidad por ellas mismas.

"You live and let die."


0 comentarios:

Publicar un comentario

Escribe lo que piensas...