sábado, 13 de septiembre de 2014

LA REINA Y EL ESPEJO

LA REINA Y EL ESPEJO


Seguramente ustedes recuerdan el relato (o al menos las películas) de Blancanieves, y a la Reina Malvada que pedía los halagos de su espejo encantado. El objetivo de este cuento es por supuesto rebajar la vanidad femenina haciendo ver como una locura egocéntrica el deseo por ser la más bella de todas. Es verdad que compararse con los demás hasta tal extremo, sobre todo en cuestiones de belleza, es poco sensato, pero hay una cierta sabiduría en la actitud de la Reina. ¿No tiene perfecto sentido consultar al espejo sobre la apariencia propia? Y consultar al espejo no es más que una alusión a consultarse a sí mismo, a uno mismo y a nadie más. El error de la Reina Malvada consistía, no en querer ser hermosa, sino en querer ser más hermosa que el resto. Al verse en el espejo lo que uno hace es compararse con uno mismo. La pregunta no debería ser ¿soy más hermosa que las demás? sino ¿soy más hermosa que ayer, que hace una hora, que hace dos minutos? Sabes que eres grande cuando tú mismo eres tu única competencia y el récord que intentas romper es el propio. Esto se aplica sobre todo al campo deportivo pero también puede aplicarse a los asuntos de la belleza. Seamos honestos. Somos criaturas materiales en un mundo material (como dice Madonna) y todo nos entra por los ojos. De las millones de personas con que nuestros caminos se cruzan a lo largo de la vida, a muchos sólo les conocemos el aspecto. Y luego aparecen como extras en nuestros sueños, llenando las calles o atacándonos en medio de un bosque oscuro. La verdad es que la mirada es un sentido muy dominante y nos hace olvidar por completo la esencia invisible de la gente. A un criminal le basta con ser joven y guapo para que su altanería y depravación lo hagan irresistiblemente atractivo. Es bajo y lamentable pero los seres humanos somos así (al menos cuando bajamos la guardia y nuestra moralidad se distrae).

Sí, solo con nosotros mismos deberíamos competir, solamente con nosotros mismos deberíamos consultar para tomar decisiones personales, decisiones de libertad y libre albedrío, pero los seres humanos tenemos la naturaleza del rebaño. Las grandes mayorías siguen a los pocos que se distinguen por su vocación para atraer y ser seguidos. Hemos creado a nuestro alrededor una complicada prisión/laberinto llamada sociedad en la cual es difícil desobedecer e imposible escapar. El poder arrollador que tienen los demás sobre nosotros es al mismo tiempo tranquilizador y humillante. Dependemos de otros y los otros de nosotros así que no tiene nada de raro que deseen controlarnos y opinar sobre cosas que son sólo nuestras. Bueno, hay que enfrentarnos a eso. Sobretodo cuando tenemos la osadía de expresarnos en público. A veces nos invade el terror al ridículo y dejamos que el "no me atrevo" vaya en pos del "yo quisiera" (como dice Lady MacBeth). Pero para esto tengo una solución. La más obvia y difícil es la de volverse tan terriblemente orgulloso y arrogante que no aceptes ningún ataque a tu amor propio ni recibas consejos, ni sugerencias y rechaces con desdén prepotente los insultos. Pero si no tienes el corazón lo suficientemente oscuro esto te será imposible. La arrogancia se basa en el resentimiento y la desconfianza. Si eres una persona más luminosa y sana, puedes usar otra fórmula.

¿Has notado cómo a veces parece que algunos espejos nos halagan más que otros? Sí, hay espejos que sin ser de circo, nos deforman. Ante ellos aparecemos con la piel manchada, la figura desproporcionada, el cabello estallado y la expresión estúpida. Pero también todos tenemos un "espejito mágico" que realza nuestros mejores rasgos y oculta los defectos. Es un efecto raro y es probable que sea simple sugestión, pero eso no impide que haga bien a nuestra autoestima mirarnos en ellos y repetirnos como locos "¡qué bien me veo!". ¿Ya van vislumbrado mi punto? Quiero llegar a que si vamos a buscar espejos en otros, si en vez de consultarnos a nosotros mismos vamos a entregarnos al escarnio público esperando ser reconocidos por extraños, semejantes nuestros, seamos selectivos al menos. Entre todos los espejos en los que vas a mirarte, selecciona sólo los que te hacen ver mejor y mírate largo rato en ellos. Básicamente es el mismo viejo discurso: rodéate sólo de personas que te hagan sentir bien contigo mismo e ignora los comentarios crueles (incluso si son acertados). Y esto no aplica sólo a cuestiones de apariencia. Funciona para todo en la vida. Si vas a compararte con alguien o si vas a pedirle a alguien su opinión sobre ti, regálate el placer de que seleccionar a alguien que amablemente elevará tu ego y devuélvele el favor en cuanto te sea posible. La Reina Malvada estará orgullosa de ti.

"Mirror, mirror on the wall, ¿who's the fairest of them all?"


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