miércoles, 15 de octubre de 2014

POR QUÉ ODIO LAS FIESTAS

POR QUÉ ODIO LAS FIESTAS

Opinión

No quiero ser la típica hipster/hater/inconformista/cínica que se precia de odiar algo sólo porque todos los demás lo aman. Pero resulta que lo soy. Desde hace unos años me gusta llevar la contraria y encontrarle defectos a lo que esté de moda. En este caso son las fiestas de fin de año (Día de Brujas, Navidad y Año Nuevo) que por cierto yo nunca he celebrado. ¿Y qué tienen de malo estas "felices" ocasiones de "paz y amor"?

En primer lugar la monotonía. Sí, ya sé que es una "tradición" y que es normal que sea repetitiva, pero uno creería que después pasar siglos de los siglos celebrando las mismas fiestas sin sentido alguien diría "¿saben qué? Al demonio. No soy un mal padre porque no le llevé a mi hijo el regalo prometido en Navidad. Mis hijos no serán los más infelices del mundo si no consigo un condenado árbol. El mundo no se acabará si no celebro el año nuevo. El treinta y uno y el primero son como cualquier quincena. Este año no quiero endeudarme por un montón de compromisos absurdos. Mis hijos no se morirán si no los disfrazo para que salgan a mendigar. No seré una fracasada si no tengo una cita para año nuevo. Resulta que después de todo no me gusta la idea de celebrar fiestas de brujas y espantos. Resulta que no trabajé todo el año para botar la prima en una sola fiesta. Dejemos toda esa mierda y este año ahorraré tiempo y dinero y gozaré de unas tranquilas vacaciones de invierno y en el verano usaré el dinero guardado para irme a unas vacaciones espectaculares." Pero no. Casi nadie dice eso. Sólo unos pocos se atreven. En casi toda cuadra del mundo esta el vecino "aguafiestas" que no pega ningún adorno en sus ventanas ni colabora pintando la calle o aportando para el árbol de la cuadra. Ese que mantiene las puertas cerradas y las luces apagadas el treinta y uno de octubre y que no tiene calabazas de cartulina pegadas a la puerta. Amo a ese vecino "aguafiestas" porque ese vecino suelo ser yo. De hecho me gustaría que por una sola vez en la vida hicieran una variación de la clásica película de Navidad cursi y esta vez mostraran la historia de una persona, o mejor aún, de una familia entera que no celebra las fiestas y que aún así disfruta estos meses con otras actividades, yendo contra la corriente e ignorando a los vecinos juzgones. No, no otra versión del Grinch en la que el escéptico acaba convirtiéndose al nativismo porque se le "ensancha el corazón". Una película en la que el escéptico permanece escéptico y no lo hacen quedar como un trastornado o un malvado por no tener "el espíritu de la Navidad".

En segundo lugar están las altas expectativas y los compromisos tácitos. Tu jefe, tus amigos, tus compañeros de trabajo, todos asumen que celebras las fiestas como "todo el mundo" y tratan de incluirte en actividades temáticas. Peor aún, en algunos ambientes de trabajo es OBLIGATORIO participar de las actividades, incluso te obligan a disfrazarte. Es humillante, realmente. Una de mis mayores preocupaciones cuando comience a trabajar es cómo lidiar con las malditas actividades de fin de año en las que te fuerzan a ponerte ese ridículo sombrerito de Navidad y cantar con los demás ("¡Arriba esas palmas que llegó Diciembre!" *escalofríos* *náuseas* *ganas de salir corriendo*). Ya es suficiente con que pongan el cielo rojo y el aire irrespirable a punta de pólvora y que nos revienten los oídos con sus equipos de sonido, ¿pero incluso deben atacarnos en nuestro trabajo o escuela? Yo digo: injusto. Injusto y arbitrario. No deberías asumir que a todo el mundo le tiene que gustar lo que a ti te gusta, creer lo que tu crees, festejar lo que tu festejas. Si crees que le haces un favor a la persona forzándola a participar... No. Sólo la harás sentir peor cuando tenga que rechazarte. Además TODO se vuelve temático (y para probar mi punto fue bastante difícil encontrar un píxel que no fuera de Halloween para poner en esta entrada). La televisión, la internet, los centros comerciales, TODO se viste del tema de temporada y no puedes mirar a casi ningún lado sin que tus ojos tropiecen con decoraciones estrambóticas. También está el hecho de que todos esperan que grandes cosas les pasen en estas fechas y luego se deprimen porque no suceden. Es como si creyeran que hay polvo de hadas o algo así flotando en el aire y que si tan sólo piensan cosas positivas van a arrancar volando. Eso sería muy positivo si después no se entristecieran y se enojaran cuando eso obviamente no sucede. Muchas personas incluso intentan suicidarse porque "esta Navidad fue terrible y eso es inaceptable. Si cualquier otro día es terrible puedo seguir adelante pero si es el 24 de diciembre entonces he fracasado en la vida."

El despilfarro es la tercera cosa. No sólo todo el mundo asume que tú también celebras y te mantienen despierto hasta las cuatro de la madrugada, no sólo te juzgan por no orinarte de felicidad porque llegó esta época, sino que además los precios suben hasta los cielos y no se puede comprar nada ni contar con nadie (porque oye, es Año Nuevo, hoy no se trabaja) y ni soñar con pedir algo al exterior porque te llegará en marzo. Todo está atestado, ruidoso, brillante hasta marear y pintado de los mismos colores y con las mismas figuras en un patrón infinito, como una impresora que sólo tiene dos cartuchos de tinta. Y en enero o febrero vienen las quejas, el arrepentimiento y los juramentos de nunca volver a gastar tanto ni a excederse tanto con los placeres. Si yo trabajara febrero sería mi momento de gloria para restregarles a todos los que no me dejaron dormir el treinta y uno y el primero que yo todavía tengo mi prima completita y que no les voy a prestar ni un centavo. Bailaría sobre mi olla de oro como un duendecillo, sin dejar que nadie la tocara. Oh, qué hermoso sería.

Los falsos ideales de amor y paz son la cuarta razón. En realidad el fin de año es la época más peligrosa. La gente está borracha, irritable y violenta. En estas fechas "felices" me han robado a punta de escopeta y extraños en la calle me han bombardeado con petardos de pólvora. Me han tirado agua y harina sobre la ropa, me han matado a mis peces con la contaminación en el aire y me ha tocado quedarme encerrada varios días seguidos por miedo al peligro que hay en las calles. "Noche de paz, noche de amor" mis polainas.

¿La quinta razón? El 25 de diciembre cumplo años. Así es, en el peor mes del año, además de pasarlo de cuadritos con el tema de la Navidad, me hago más vieja. Mi odio por diciembre no conoce límites humanos.

"In this town of Halloween."


1 comentario:

  1. es muy cierto,las celebraciones de diciembre ya no tienen sentido , pues no hay nada nuevo en ellas y ademas si que es una temporada muy peligrosa ya que todos no tienen trabajo y se dedican es a robar.

    ResponderEliminar

Escribe lo que piensas...