jueves, 18 de junio de 2015

LA PIEZA SOBRANTE

LA PIEZA SOBRANTE

Diario

En la película Hugo, uno de los personajes dice que el mundo es un mecanismo de relojería perfecto en el que ninguna pieza sobra: todos tenemos un papel. Sin embargo, ¿nunca les ha pasado que construyen uno de esos muebles "ármelo usted mismo" y alguna pieza les queda sobrando sin que averigüen nunca para qué demonios servía? Normalmente son dos o tres. Claro que también está el caso opuesto: desarmar algo y que a la hora de volver a armarlo te falte algo (generalmente uno o dos tornillos). Ambas me parecen perspectivas igualmente siniestras. Por un lado pienso en la pieza sobrante, que supuestamente tenía un lugar al que llegar pero fue considerada innecesaria y dejada por fuera, porque no encajó en ninguna parte ni se supo nunca cuál era su función. Por otro lado, pienso en la pieza perdida, que tenía un lugar pero que desapareció y nunca volvió a su hogar. Lo sé, estoy siendo dramática, esto no es Toy Story. No. Pero me sirve de analogía.

Yo me siento de las dos formas: a veces como que me perdí, a veces como que nunca pertenecí a ninguna parte. Debe pasarle a todo el mundo (?). Siento que hubo un tiempo en el que yo sabía exactamente cuál era mi papel, cómo podía ser útil en la vida de otros y completarlos y cómo ellos me completaban a mí. Y a veces pienso que nunca fue así, que nunca lo tuve resuelto, que siempre estuve trastabillando como un monstruo de las cloacas de la Nueva Nueva York de Futurama. Viviendo abajo, deforme, separada. Y me siento así porque estoy desconectada de las personas. Me horroriza un poco sentirme tan alejada de ellas y sobretodo ver que la forma en la que me percibo a mí misma no es para nada la forma en la que me perciben los demás.  Ellos me ven como una persona amable, inteligente, un poco rara y tal vez algo boba. Yo me siento extraterrestre, maligna, triste y MUY boba. Es posible que no sea capaz de hacer traslucir mi verdadero yo y por eso los demás me describen con palabras tan diferentes a las que yo usaría. Debe ser eso. Estoy atrofiada. O no puedo verme muy bien a mí misma porque estoy demasiado cerca.

Me admiro al ver esas personas que pueden relacionarse con los demás normalmente y sin dudas, tan seguros de quiénes son ellos mismos en relación a otros. Ellos tienen su vida resuelta, e incluso si no comparto sus elecciones, me admira que estén tan seguros de su camino. Esas personas que aman su trabajo, que saben para dónde va su carrera, que saben dónde van a vivir, en qué condiciones, con quién, cuánto van a ganar, con quién se van a casar y cuándo lo harán, y cuántos hijos tendrán. Me pregunto si será cierto que lo tienen todo calculado o si solo es una ilusión de la que se convencen para vivir felices. Cuando a mí me preguntan "¿dónde te ves o cómo te ves dentro de dos, cinco, diez años?" Solamente puedo torcer la boca y emitir un largo "Hmmmmm". Y pienso "¡y yo qué sé! ¿Me ves una bola de cristal en las manos? ¿Quién puede saber esas cosas?" Pero cuando yo le pregunto eso a los demás ellos no dudan. Comienzan a hablar de inmediato, llenos de fe y seguridad.

Mi proyecto de vida. Eso es algo que te piden hacer en el colegio y que a mí siempre me resultó estresante y estúpido. No puedo hacer un proyecto de vida cuando ni siquiera me he graduado, y no puedo hacerlo porque a esta edad todavía no sé exactamente lo que quiero y porque no se cuáles serán mis circunstancias cuando sea adulta y realmente tenga que empezar a construir mi vida. Sin esa información no puedo decir con realismo "voy a hacer esto o voy a hacer aquello". Es bueno saber cómo no quieres terminar, para asegurarte de no tomar la dirección equivocada. Normalmente así es como respondo a las preguntas sobre mis planes para el futuro, en negativo. "Espero que no me haya pasado esto, espero no haber hecho eso, ojalá no haya perdido aquello". Y todo en ojalás porque uno no puede garantizar el futuro. Y es que muchas de las cosas realmente quiero no existen en este mundo, solo en mi imaginación o en los mundos ficcionales que me fascina visitar.

El sentimiento de no encajar es lo que me lleva a pensar que no hay un futuro fijo para mí en este mundo. Solo puedo planear unos cuantos meses por delante y cruzar los dedos porque no salga ningún imprevisto. Cada vez que estoy feliz y emocionada, viene una sombra a cubrirme, una que no puedo evitar. Ya sean la incertidumbre maníaco-depresiva, un problema que me martillea la cabeza o un error que se me clava en el corazón como una estaca. Y comienzo a caminar por el mundo con un nudo en el estómago, mirando las caras a mi alrededor que sueltan carcajadas tan fácilmente, pensando que todos ellos están satisfechos o resignados y no aspiran a más de lo que pueden tener o bien ya tienen todo lo que quisieron. Y que yo estoy aquí rasguñándome las rodillas, soñando con una lámpara maravillosa y con esos tres deseos fatales. Y aunque mi vida en este momento sea muy buena (MUY buena), no puedo evitar pensar que es temporal. Que alcancé mi máximo y que sólo puedo ir hacia abajo desde aquí. La felicidad es muy frágil. Y yo no siento que mi lugar esté seguro. En este momento estoy en una cajita mientras el mecanismo del mundo se construye, orgullosa de tener una forma diferente pero asustada de que debido a ello no entre en ningún lado, esperando encontrar un lugar para mí, aguardando en la oscuridad, dentro de una cajita,

"Únete al baile de los que sobran."


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