sábado, 18 de julio de 2015

CLICHÉS

CLICHÉS

Opinión

Los clichés son “oldies but godies”. Clásicos que siempre funcionan. Casi siempre uno puede adivinar lo que sucederá con tal o cual personaje por la forma en la que está construido, y casi siempre uno puede tolerarlo mientras la historia sea apasionante. Es una linda sorpresa cuando un personaje no es predecible, significa que es profundo y auténtico, pero en toda historia hay personajes planos y personajes redondos y el trabajo de los planos es hacer que los redondos se vean bien, así que es comprensible. Me explico: el personaje plano es como una guitarra con una sola cuerda: siempre toca la misma nota. Generalmente este personaje es el mejor amigo del protagonista, y si es joven, es el que pone la nota cómica y si es viejo, es el que ofrece consejos. El personaje redondo suele ser el protagonista, y es redondo porque tiene más de una dimensión. Es un personaje que evoluciona a lo largo de la historia y que se gana la empatía y simpatía de la audiencia. El problema es cuando el personaje principal resulta ser plano y el secundario es el redondo, de tal forma que uno acaba empalizando con el Sancho y no con el Quijote. Y si el público no tiene ojo crítico, pueden meterle gato por liebre y venderle personajes aburridos y estereotipados como si fueran personajes profundos. Hay dos personajes/situaciones que son muy recurrentes y que me parecen demasiado básicas:

  • La damisela en peligro. Esta es una chica que se supone que es la coprotagonista, la compañera del personaje principal, pero es una inútil sin autoestima ni personalidad que hace todo lo que el protagonista masculino le dice y que no puede estar sin él. Normalmente su historia va así: ella tiene una vida difícil y un pretendiente abusivo, el protagonista masculino la salva de ambos y ella le paga con sexo, luego él hace algo tonto pensando protegerla y ella se enoja y se va diciendo algo como “¿me mentiste? ¡No puedo creerlo!” Pero vuelve con él después de que la salva otra vez, e incluso acaba disculpándose por haberlo dejado en primer lugar: “creo que exageré, eres el mejor chico que he conocido”. Básicamente su vida gira alrededor de encontrar a su héroe quien la salvará de todo peligro a cambio de sexo. Creo que muchos hombres tienen esta fantasía de que si le hacen suficientes favores a una mujer ella se les entregará, y cuando descubren que no es así se quejan de que están en la “friendzone”.
  • El hombre engreído, pervertido y egoísta que por alguna razón se enamora de una mujer totalmente opuesta a él. ¿Han oído la canción “Mal Hombre” de Helenita Vargas? En esa canción ella describe a un hombre celoso, impulsivo, inseguro, egoísta, traidor, básicamente enumera todos los defectos que puede tener un ser humano, y al final dice “así lo amo yo”. Creo que esta es una fantasía femenina muy común: un hombre malo, un chico malo que se fija en la chica buena aunque ella sea diametralmente opuesta a él. Si él es rico y confiado y ella pobre, tímida y torpe, mejor. Y ella lo ayuda a crecer y a cambiar y él está agradecido aunque su orgullo no le deja admitir que la ama. Finalmente lo hace cuando la evidencia lo acorrala, cuando ella está a punto de irse con otro o cuando él fue demasiado lejos y la ofendió hasta el punto de que ella ya no quiere estar con él. Entonces le llega el momento de arrodillarse, de arrastrarse, de suplicar, de hacer escenas de celos, de casi llorar, y como último recurso, hace alguna locura excesivamente cursi y la remata con un “te amo” que rinde a la protagonista. Es el tipo de fantasía que alimenta la idea de que uno puede casarse con un hombre lleno de defectos y cambiarlo después. Mal, mal, mal.
Ambos son notablemente comunes, y como idea son muy destructivos. El primero hace pensar que todo lo que las mujeres tienen para ofrecer es su cuerpo y que son irrazonables o malas si no se lo dan a los hombres que las ayudan en algo. El segundo es dañino porque es una relación en la que la mujer lo da todo emocionalmente y el hombre solo da sexo y dinero, como si no tuviera nada más para dar o como si demostrar sentimientos no fuera masculino. Por supuesto, yo no creo en la censura. Puede que este tipo de protagonistas den ideas muy ridículas acerca de lo que hombres y mujeres son o deben ser, pero no hay necesidad de prohibir los clichés, sólo hay que verlos con ojo crítico. Cada vez hay más historias en las que la relación entre los protagonistas masculino y femenino es una relación de verdad, entre dos iguales con defectos y virtudes y mucho que ofrecerse mutuamente. Esto se logró porque alguien vio esos clichés obsoletos y se cansó de ellos. Las malas historias también enseñan cosas.


“Love me, love me, say that you love me / Fool me, fool me, go on and fool me.”

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