viernes, 25 de septiembre de 2015

ME EXTRAÑA, LINDA MUSARAÑA

ME EXTRAÑA, LINDA MUSARAÑA

Diario

¿Se sorprenden a ustedes mismos con frecuencia? Yo sí. Soy todo un misterio... Bueno, en realidad el problema es que soy una simplona que no sabe quién es ni lo que quiere en realidad. Esto provoca que muchas veces me sorprenda al descubrir que no me gusta algo que siempre pensé que me encantaría o que no soy el tipo de persona que yo describía. Bueno, de eso se trata esta entrada:

1- NO SOY una romántica. Siempre me gustó describirme como una persona romántica y siempre pensé que en cuanto cumpliera 16 o 17 años encontraría al príncipe encantador y me enamoraría locamente y me casaría. Resulta que no solo no fue así sino que me alegra que no haya pasado. En estos tiempos es un cliché decir que no existe el príncipe azul o que uno "no cree en el amor" pero eso describe bastante bien lo que pienso/siento hoy en día. No solo no me enamoré nunca sino que he descubierto que nunca lo haré. Hoy en día el romance me parece un inconveniente, algo casi enfermizo y hecho para muy pocos (no para todo el mundo, como predica la cultura popular). Realmente hay personas que no debieran meterse en eso. Yo, sobretodo.

2- NO ME GUSTAN los caballos. Esto está conectado con mis ilusiones de romanticismo. No hay nada más romántico que andar en un caballo blanco con tu amado sosteniéndote por la cintura ¿verdad? Pues no. Los caballos son bonitos, pero las pocas veces que los he montado me han parecido unas criaturas sumamente desagradables. Mi opinión de los caballos es que son bestias tontas, inútiles y peligrosas que deberían dejarse en libertad o hacerse salchichas, no montarse. Siempre que me he montado en un caballo el maldito animal no me obedecía y además parecía dispuesto a tirarme en cualquier momento. Pues adivinen qué asquerosos equinos: ¡yo tampoco los quiero!

3- NO ME GUSTA la comida japonesa. Supongo que la razón por la que siempre pensé que amaría la comida japonesa era porque admiraba mucho Japón y creía que todo lo que viniera de Japón debía gustarme. Falso. Hace poco comí sushi por primera vez y lo odié. ¿Por qué? Lógico: ODIO el pescado y el sushi sabe mucho a pescado, incluso si no es de pescado, porque el alga que usan para enrollarlo sabe a mar. Y asumo que todo lo que venga de Japón debe saber igual porque usan muchas algas y productos marinos. Así que... Puaj. Sin embargo, aún quiero probar dulces japoneses.

4- NO ME GUSTA la tecnología/los videojuegos. Solía declararme geek, no gamer, pero al menos sí aficionada a los videojuegos y los gadgets tecnológicos. Pero últimamente la tecnología me asusta. Me siento anciana. Odio los iPads, los smarthphones de todo tipo, las tablets y hasta los portátiles clásicos. Si no es computador de mesa ni me muestren esas porquerías. Siempre quise, por ejemplo, un mp3 para oír música en los ratos aburridos (como en el bus), pero nunca compré uno y ahora estoy tan acostumbrada a pasar esos momentos pensando en silencio que estoy segura de que olvidaría que tengo el dichoso MP3. Y con los juegos... soy pésima jugándolos, hasta con los más sencillos me canso y recurro al walktrough (en otras palabras, hago trampa) porque lo que me interesa es ver el final y las animaciones. En otras palabras, cuando juego un videojuego me interesa más bien "verme la película" que disfrutar el gameplay. Tanto así que muchas veces prefiero ver cómo otros juegan que jugarlo yo misma.

5- NO SOY culta. Nope, hay muchas cosas culturales que no conozco y no me interesa saberlas. Descubro lo poco culta que soy cuando no entiendo la mitad de las referencias que veo en foros y blogs de la red. Soy perezosa para aprender cosas nuevas (como idiomas, por ejemplo). Hay muchas cosas que no se cómo se llaman o no sé que existen. Por ejemplo, no sé nada de arquitectura más allá de las palabras "pared", "ventana", "techo", "piso", "terraza", "dintel", "viga" y "columna". Me sería imposible describir una construcción ligeramente sofisticada o la vida en algún país o ciudad que no sea el mío. Así que carezco de muchas de las herramientas necesarias para ser una escritora, lo cual me hace caer en cuenta que no tengo mucho futuro en ese campo (si es que tengo alguno).

¿Estoy decepcionada de mí misma? La número 5 me deprime un poco, pero nada más. Todo el resto me parece bastante aceptable. Veré si a medida que crezco descubro otras cosas qué aborrecer u otras metas qué abandonar. ¡será divertido!

"I don't care! I love it!"

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viernes, 11 de septiembre de 2015

MINECRAFT II

MINECRAFT II

Diario
En estos días tuve un inconveniente con mi refugio. Tengo un refugio de dos pisos, pequeño, básico, no soy una gran arquitecta de Minecraft. 


El caso es que al segundo piso le falta una esquina. Sí un pedazo de la pared de la esquina no está y eso es porque se acabaron los materiales de construcción. Nunca me molesté en repararlo porque no me pareció que se tratara de un gran problema. Es decir ¿qué esqueleto puede saltar tan alto? Pero me olvidé de las cualidades saltarinas de las arañas y una de ellas se metió en el segundo piso donde tenía un cofre, una mesa y mi cama. 


¿Saben lo que es una araña de Minecraft? Son una monstruosidad del tamaño de un perro. En serio, le llegan a uno a la cintura. Y feas: negras, con ojos rojos. Ya que a las arañas no las afecta la luz del sol, la única solución para sacarla de ahí era subir por las escaleras y matarla, pero ella precisamente se puso a bailar sobre el hueco de las escaleras (las arañas no caben por agujeros de 1*1 bloques, necesitan mínimo que sean de 2*2). Me dije a mí misma "está bien. Puedo soportarlo. Al cabo que en el primer piso también tengo un cofre. Ya se irá." Pero pasaron los días y no solo no se fue sino que de la nada también apareció un creeper. 


Un creeper es una pila de TNT marca ACME con patitas y de color verde musgo, con dos ojillos negros y una boca triste, dándole un aspecto de pocos amigos que ni qué les cuento. El caso es que ese es MUCHO más peligroso porque como te vea cerca te persigue, se te para a la espalda, silba como serpiente y te estalla a traición en menos de dos segundos. Sabía que debía irme porque si me veía estallaba en medio de mi refugio y me lo destrozaba. Además a ese tampoco lo afecta la luz solar. Quise ser optimista y pensar que se iría esa noche, así que huí corriendo sin saber muy bien a dónde iba. Tenía varias opciones: la aldea selvática lejana, la aldea desértica cercana, un segundo refugio (el primero que hice apenas "nací" en Minecraft y que completé en mi día 2) que quedaba casi tan lejos como la aldea selvática, o una mina cercana que estaba plagada de zombies. Ya había estado en la mina antes y había dejado una cama allí, pero era demasiado peligroso. Era como entrar a Moria. La aldea selvática era muy agradable y con muchos recursos pero no quería ir tan lejos. Ni qué decir del refugio alternativo. Por fin decidí que la aldea desértica era mi mejor opción: tenía recursos y quedaba más o menos cerca de mi casa para poder volver a checarla cuando quisiera. Así que enfilé hacia la aldea. Al principio me perdí, creía recordar dónde estaba pero resultó que no. Sabía que estaba cerca pero no llegaba, no sabía en qué dirección ir. Finalmente di una vuelta ridículamente larga y guiándome por señas familiares logré llegar. 


Como siempre los aldeanos eran un encanto. Ya había estado allí hace unos días (lo cual hace más vergonzoso el hecho de que olvidara cómo llegar) y todo estaba como lo recordaba. Entré a mi casa favorita que tenía tres pisos y varios cofres y bibliotecas. Quedaba cerca de un pozo y tenía balcón. Era perfecta. Una auténtica fortaleza, una torre. Hasta llegué a pensar por qué no me quedaba a vivir allí, pero me costó mucho hacer mi tosco refugio y no lo quería abandonar. El caso es que en el momento que llegué me dí cuenta de algo trágico: me olvidé de sacar mis herramientas del cofre. Pico, pala, espada, comida, todo. TODO me lo dejé olvidado en el refugio. Así que me pasé los siguientes días tratando de conseguir recursos localmente y viajando al refugio para entrar a toda prisa, vaciar una parte del cofre y salir corriendo antes de que me volara el mundo encima. Estas visitas exploratorias también me servían para ver si el creeper y la araña seguían parapetados en mi segundo piso. Lo estaban. Así fue como pasé más de una semana en el exilio: privada de la mayoría de mis recursos, viviendo con las uñas, arriesgando la vida, incómoda, siempre con algo faltándome para completar la receta. Tuve que salir incontables veces a recolectar cosas que reposaban tranquila e inútilmente en el cofre de mi casa. Hay que ver... Y para colmo nunca he sabido hacer esos cofres mágicos que abras donde los abras tienen todos tus items. El caso es que un día pasé por mi casa, presa de la desesperación, subí al segundo piso dispuesta a todo y el maldito creeper "camper" había cogido sus trastos y se había largado. ¡Por fin! De vuelta a mi casita, aunque la araña sigue siendo una molestia. Pero no por mucho. Si esta noche no se va ella sola, seguro la hago papilla. En la aldea conseguí armadura de hierro. Que se atenga... Se me antoja añadir otro ojo de araña a mi colección.

"He's a cold-hearted snake..."