viernes, 11 de diciembre de 2015

EL RETRATO DE AMANDA

EL RETRATO DE AMANDA


Diálogo, Ética


Hola. Para la clase de ética nos pidieron que hiciéramos un diálogo en torno a la Ética (al estilo de los diálogos platónicos) en torno a la novela de Oscar Wilde: Dorian Gray. Yo hice este texto en el que divago un poco y traté de hacerlo de una forma creativa y entretenida pero sustancial. No estoy segura de obtener una muy buena nota (explicaré por qué en una entrada más adelante) pero me gustó el resultado así que aquí está.

Como teníamos que basarnos en algunos textos teóricos (lo cual implica que hay que estar de acuerdo con los teóricos), la reflexión sobre la ética que van a leer probablemente no sea mi postura personal.


EL RETRATO DE AMANDA

ARIEL – AMANDA

AMANDA.
¡Ariel! He leído un libro que puede ilustrar bastante bien mi forma de ver el mundo y mi ética personal.
ARIEL.
¿Ética personal, Amanda? Ese término es discutible, pero dime cuál es ese libro con el que tanto te identificas.
AMANDA.
Ni más ni menos que El Retrato de Dorian Gray.
ARIEL.
¡Vaya maestro! ¿Y qué es eso que ilustra tan bien tu sentido ético?
AMANDA.
¡Todo, diría yo! Lord Henry ha puesto en palabras mi forma de pensar. ¡Su cinismo es más honesto que las pretensiones de corrección de los moralistas que abundan hoy en día! Es un hombre sapientísimo. Lo único que puedo criticarle quizá es que sea fumador.
ARIEL.
Curioso motivo de queja. Pero volvamos primero sobre el término “ética personal”. ¿Has oído hablar del imperativo categórico?
AMANDA.
Oh, sí, Kant. Que nuestras acciones sólo son justificables mientras puedan convertirse en leyes morales universales.
ARIEL.
Sí. Preguntarse “¿y qué sucedería si todo el mundo obrara de esta manera?” Nos ayuda a pensar en perspectiva cuando sentimos la tentación de minimizar el impacto de nuestras acciones para quitarnos un poco de responsabilidad. En tal caso no podríamos hablar de una “ética personal” sino que tendríamos que preguntarnos por las consecuencias universales de ciertas formas de obrar. Para saber si es ético o no lo que dice Lord Henry, basándonos en este principio, tendríamos que preguntarnos lo que sucedería si sus palabras se convirtieran en máximas universales.
AMANDA.
No estoy segura de compartir el imperativo categórico, Ariel. Lord Henry diría que “el miedo a la sociedad es la base de la moral”. Y parece que es a eso a los que te refieres con eso de pensar “¿y si los demás también…?” cada vez que quieras realizar una acción. Es que no hay manera de que todas las personas del mundo comiencen a actuar como yo, o mejor dicho, como lord Henry hace las cosas. Admito que si, por ejemplo, todo el mundo creyera (como dice el buen lord en el primer capítulo) que el encanto del matrimonio es el mutuo engaño, la institución matrimonial perdería su razón de ser. Pero es que ¿alguna vez la tuvo? Todo lo que dice Lord Henry es la verdad. Una cosa es lo que el mundo pretende ser y otra lo que es realmente. Que el matrimonio, por ejemplo, sea una unión sagrada en la que la pareja comparte todo, se hace uno y nunca se miente entre sí, no es más que un ideal impracticable. La naturaleza verdadera sale afloteirresistiblemente a cada momento. Estoy hablando de psicoanálisis Ariel. Tú me hablas de Kant, yo te hablo de Freud. Todas las moralidades humanas le exigen al hombre más de lo que puede ser. Además todo el mundo actúa diferente según sus costumbres, sus deseos, sus miedos, sus creencias, etc. No tiene sentido preguntarme “quiero abrir este paquete de chocolates y comerme algunos sin pagar pero ¿qué pasaría si todo el mundo hiciera lo mismo?” porque es simplemente imposible que a todos se les ocurra la misma idea y que todos la ejecuten. Y si yo decido no hacerlo por las razones que sean, sería pretensioso de mi parte esperar que los demás encuentren esas mismas razones y se abstengan de la misma manera que yo lo hice.
ARIEL.
Puede que se trate de “miedo”, Amanda, pero no miedo a la sociedad sino miedo al malestar que podríamos crear en la sociedad con nuestras acciones. Lo que te estás preguntando se responde usando la lógica. Un principio moral sólo es verdadero si puede aplicarse en sí mismo. Es decir, que no debe contradecirse. “¡Deja de menospreciar a las mujeres, zorra!” sería un principio ilógico. Ahora pensemos: ¿qué pasaría si todas las personas se guiaran por el imperativo categórico? Es decir ¿qué pasaría si todas las personas se preguntaran qué pasaría si sus actos se convirtieran en máximas universales? La respuesta es que se tomarían decisiones basadas en el bien universal y no en el bien individual, mejor conocido como “mis intereses”. Y ¿no es verdad que se puede hacer mucho daño pensando sólo en “mis intereses”? Daño que afecta a otros pero que directa o directamente te afecta a ti. Tú vives en la sociedad por lo tanto lo que haces en la sociedad te afecta a ti también. Si orinas en la piscina tendrás que nadar en miados, si defecas donde comes tendrás que… Bueno, ya me entiendes. Disculpa el ejemplo escatológico. En cuanto al hecho de que nuestros instintos naturales, y personalidad, y crianza, y cultura (y todo lo que tú quieras) nos van a llevar a actuar “a nuestra manera” algunas veces, no es razón para dejar de aplicar el principio. Eso sería como decir “¿para qué atarme los cordones si a veces olvido atármelos y no siempre me tropiezo?” Con una forma de pensar así, dejarías de amarrarte los cordones y en vez de ser algunas pocas veces las que te tropiezas y caes, comenzarías a tropezar casi a diario. Es verdad que a veces puedes tener un desliz, puedes olvidar algo o ceder a una tentación, pero al abandonar totalmente los principios lo único que consigues es aumentar las posibilidades de sufrir lo malo y hacérselo sufrir a otros. Y pensando que “no importa que haga algo malo porque eso no significa necesariamente que otros lo vayan a hacer” estás haciendo algo parecido. Estás diciendo que el mal que haces no cuenta porque es pequeño, porque viene en tamaño personal, pero de esa manera solamente estás justificando la maldad que tú cometes bajo la condición de que los demás no te imiten. Es decir, estás confiando en el mismo imperativo categórico para desechar el imperativo categórico. Lo que estás diciendo es: “Yo no me voy a preocupar de las consecuencias de mis actos ni de sus implicaciones universales porque confío en los demás sí lo hagan.” “Yo no necesito aplicar el imperativo categórico porque los demás sí lo aplican.” “Yo no me vacuno porque confío en que los demás se vacunen,y si los demás se vacunan no habrá quien me contagie a mí.”
AMANDA.
Bueno, bueno, pero Lord Henry solamente tiene una “mirada cínica”. El mismo Basil afirma que él nunca da lecciones de moral ni hace nada malo nunca, así que sus ideas son bastante inocuas, son más bien opiniones y observaciones sobre el mundo que lo rodea. Eso no puede ser nada “malo”, ¿o sí?
ARIEL.
Las ideas de Lord Henry no eran simplemente visiones del mundo que lo rodeaba. Ya hemos establecido que como parte de una sociedad tenemos responsabilidad sobre el mundo en el que vivimos. Sus “observaciones” eran sobre un mundo que él mismo estaba ayudando a construir y por lo tanto no es lógico que hable en tercera persona cuando se refiere a “los ingleses”, “las masas”, “los infieles”, etc. Porque él mismo hace parte de esas categorías. Tiene por lo tanto responsabilidad de aquello que critica, de aquello que alaba y de aquello de lo que hace burla. Todos la tenemos.
AMANDA.
¿Te refieres a que él fue de verdad una mala influencia sobre Dorian? Yo creía que debía uno ser responsable de sus propios actos. Tú hablas de la responsabilidad de Lord Henry, pero él no puede controlar a “los ingleses”, “las masas” y “los infieles” aunque haga parte de ellas. Él dice muchas cosas maravillosas y ácidas, pero nadie obliga a sus escuchas a aplicarlas. Nadie obliga a Dorian a obsesionarse con su belleza de la manera en que lo hizo, ni tampoco a comportarse de forma inmoral.
ARIEL.
Tienes razón en que Dorian no fue obligado, pero igualmente Lord Henry tiene responsabilidad. Él llega a decir que toda influencia es inmoral porque le impide a las personas crecer por sí mismas. Bueno, en realidad la influencia de otros es lo único que nos permite crecer. Si cada hombre tuviera que auto-desarrollarse, tendría que inventarse la rueda todos los días, cada vez que naciera un nuevo ser humano, y tendrían que hacerse nuevamente todos los descubrimientos de la ciencia y replantearse todos los principios de la filosofía. Y cada persona tendría que hacerlo por su cuenta. ¡No avanzaríamos jamás! Por lo tanto los seres humanos vivimos de la influencia de otros, es nuestra naturaleza y la que nos ha permitido convertirnos en la especie dominante. Lord Henry no fue el autor de los actos de Dorian, pero sí fue autor de las ideas que Dorian convirtió en actos. Lord Henry es responsable de darle una importancia exagerada a la belleza y Dorian de creerle, y de actuar como si su belleza bastaba y hacía innecesaria la ética para aplicarla en su vida.
AMANDA.
Muy bien, pero coincidimos en que el que se comportó de manera más perjudicial fue Dorian. Lo de Lord Henry eran sólo ideas, ideas perversas, tal vez, pero simples ideas al fin y al cabo. Dorian fue el que actuó olvidando todo sentido moral.
ARIEL.
¿Y qué piensas de eso? ¿Qué piensas tú de Dorian Gray? Una persona que comete actos malvados pero no se ocupa de las consecuencias puesto que éstas nunca se reflejan en su semblante. Guardar el cuadro en el desván, es decir, guardar nuestras responsabilidades en el desván, es lo que hacemos cuando ignoramos las implicaciones universales de nuestros actos. Cuando nos decimos que todo está bien mientras no se vea nuestra maldad, mientras no se haga evidente a simple vista. Pero aunque la apariencia de Dorian no cambie nunca, sus actos hablan por sí solos por la influencia que tienen sobre quienes los rodean. Dorian Gray es un imposible: alguien a quien no le afectan sus propios actos a pesar de ser parte de la sociedad que los experimenta. Sus acciones parecen afectar sólo a los demás, pero ¿qué lleva entonces a Dorian a apuñalar su cuadro? Eso quiere decir que su maldad no era, después de todo, invisible. Él la sentía a su alrededor, otros también, aunque no podían verla. Eso fue lo que lo llevó a la desesperación y a ese acto de autodestrucción que fue un intento fallido por eliminar la realidad. La responsabilidad, las consecuencias, el efecto. Eso es ineludible.
AMANDA.
¡Qué tenebroso suena! Pero en todo caso lord Henry no era más que una persona ingeniosa y un poco perversa en sus palabras. Dorian fue el que lo llevó demasiado lejos…
ARIEL.
Me dijiste que Lord Henry nunca había obligado a Dorian a que cometiera ningún mal, pero si lo piensas, hasta el momento en que asesinó a Basil Hallward, Dorian no se había comportado de forma distinta. Es decir, Sybil Vane no fue obligada a suicidarse, podría decirse que Dorian solo fue un poco grosero. Y con los otros jóvenes y muchachas con los que se relacionó, tampoco los obligó a nada, sólo se dice que fue una “mala influencia” sobre ellos. Quienes se le acercaban terminaban corrompidos. ¿No es más o menos la misma situación con Lord Henry?
AMANDA.
Tal vez.
ARIEL.
¿En qué radicaba la diferencia?
AMANDA.
En el poder de la juventud y la belleza inmutables que Dorian poseía.
ARIEL.
Exacto. Su apariencia agradable le daba credibilidad pero no era más que una fachada. Si Lord Henry hubiera tenido una belleza y un poder para conservarla como el que poseía Dorian ¿no crees que su influencia hubiera sido igualmente nefasta? Después de todo, la capacidad del señor Gray para utilizar a las personas, para manipularlas y para jugar con ellas y luego desecharlas es algo que aprendió de Lord Henry. Ahora ¿hay alguna duda de que ese comportamiento era malo?
AMANDA.
Arruinó la vida de muchas personas, aunque no las haya obligado a nada, manipuló sus emociones y sus deseos, los aconsejó mal, los engañó deliberadamente.
ARIEL.
Buena respuesta. Por lo tanto, es iluso pensar que nuestros actos sólo tendrán consecuencias sobre los demás y no sobre nosotros, ya que convivimos con esas personas y el mal que les hagamos nos tocará de alguna manera. Y tampoco se puede minimizar la culpa de nuestros actos sólo porque no está a plena vista o porque no sentimos sus consecuencias inmediatamente. Somos responsables de nuestras acciones, incluso si se sólo se trata de manipulación y malos consejos, estaríamos aprovechándonos de alguien para alimentar el ego o para divertirse. Indudablemente estaríamos haciendo daño y haciéndonos daño a nosotros mismos. Lo que no te voy a negar es que Dorian Gray sea un libro excelente. No es necesario sacarle moraleja a cada historia que se lee, pero en este caso nos ha servido para echar luz sobre el asunto.
AMANDA.
¡Estoy de acuerdo! Sigo adorando a Lord Henry, pero como personaje, no como maestro de ética.

Bibliografía
Platón, Menón o de la virtud: http://www.filosofia.org/cla/pla/imo/azf04275
Savater, Fernando, Ética para Amador, Editorial Crítica, 1998, Barcelona.
Wilde, Oscar, El retrato de Dorian Gray:

http://www.cva.itesm.mx/biblioteca/Files/Wilde_Oscar_-_El_retrato_de_Dorian_Gray1.pdf

"Excuse me... Excuse me..."


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