domingo, 18 de septiembre de 2016

EL GANADOR

EL GANADOR


Cuento Corto


Este pequeño cuento lo hice en la clase de Literatura Española cuando estudiábamos la novela barroca. Yo decidí hacer un cuento de estilo picaresco, que es una narración cuyo protagonista es un "pícaro".

Yo, buenos señores, me crié sentado en el umbral de la casa de mi madre saludando a los caballeros que entraban y salían y a todos les alargaba la mano y de unos recibía monedas, de otros papeles arrugados, pelusas, pedacitos de tela, pulgas muertas, cuatro o cinco fríjoles, garbanzos o lentejas y basuras diversas de esas que hacen su escondite en el fondo de los bolsillos, pero a lo más les recibía azotes. En las tardes después de que me hice mozo comencé a ver un juego con naipes que instalaba un mancebo cerca de la casa y como no quedaba lejos me uní al gentío que lo rodeaba esperando entretenerme con algún prodigio. El mancebo, que así lo parecía más por lo corto del cuerpo que por la catadura tan maltratada que traía, sacaba la baraja y la maniobraba entre las manos sacándole resuellos a la audiencia cuantas veces la trasladaba de las palmas a los nudillos y las desaparecía y las aparecía entre los dedos y las hacía saltar de mano en mano y al final yo no sé de qué manera acababa con seis en la mano y le prometía a los curiosos que si escogían una carta con un comodín él les obsequiaría tres monedas pero que si escogían mal tendrían que darle una sola moneda y entonces les mostraba las cartas, que una era comodín y las otras eran las de caballo, la de rey, las de bastos, y cualquier otra carta, y cada cual se apostaba enfrente y hacía la apuesta y como yo me figuraba perdían siempre muy fácilmente. El mancebo acumulaba un pequeño monte de monedas y cada vez que la afluencia empezaba a irritarse murmurando que tenía que haber truco entre tantas ganancias, añadía un comodín nuevo y la gente volvía a animarse hasta que había que añadir otro y así hasta que habían cuatro comodines y solamente dos cartas distintas y de todas maneras cuando el mancebo las mezclaba se hacían borrosas y desaparecían los comodines ante los ojos y los cristianos seguían perdiendo casi siempre. Una tarde cuando el mancebo despedía al gentío para irse con sus ganancias, yo, que ya había observado mucho y pensado mucho el asunto me le senté enfrente y le propuse darle un puñado de monedas que había guardado a cambio de toda su baraja y lo que había ganado esa tarde si era capaz de encontrar el comodín. Se rascó la mollera un par de veces y aceptó pero para que no me hiciera truco y para demostrar su buena fe ante todas esas buenas gentes le pedí que me dejara ver los naipes para saber si estaban marcados, a lo que él accedió no sin hacer algunas muecas de disgusto. Yo me había aromatizado los dedos rascando cáscaras de mandarina y hojas de romero y llevaba debajo de las uñas de la mano derecha un olor especial, así es que cogí los naipes con la izquierda para examinarlos y cuando cogí el comodín lo rasqué y lo sobé un largo rato fingiendo querer limpiarlo y dije que era para ver si no llevaba pegado otro naipe que el mancebo desprendiera mientras barajaba para sacar al comodín. Fingí estar satisfecho y devolví las cartas para que comenzara el juego poniendo mucha atención a que de verdad no sacara el comodín. Cuando acabó de barajar comenzó a señalar los naipes uno por uno y a preguntarme muchas veces si era ese el que yo quería que me mostrara pero yo me quedaba en silencio y me doblaba con los ojos fijos sobre los naipes como un ave de rapiña vigilando un moribundo y me doblé hasta que mi nariz casi tocaba los naipes tal y como el pico curvo de esos animales y cuando encontré el olor que buscaba señalé el comodín y le pedí que lo volteara. Como hacía de costumbre cuando los jugadores escogían la carta que podía hacerlos ganar la apuesta el mancebo soltó varias carcajadas y me preguntó otra vez si de verdad quería el naipe pero yo me quedé con el dedo firme sobre el comodín y sin parpadear y el muchacho hizo otra vez el intento de confundirme y me ofreció hacer como si nada hubiera pasado y darme otro ensayo y el gentío murmuraba detrás de mí que aceptara la oferta pero yo insistí en la carta hasta que hube de voltearla yo mismo. Entonces el mancebo se puso de pie enfurecido e insistió en que yo había marcado las cartas pero yo se las di a examinar a la audiencia y como las encontraron limpias me dieron la razón y le exigieron que me diera mi pago y con mucha lágrima y pataleta me recogió la baraja y me la entregó pero las monedas las regó en el suelo fingiendo que se le habían resbalado pero se dejó algunas entre los dedos y salió a correr. Yo deseé que no se hubiera ido porque quería proponerle una empresa, pero recogí mis ganancias y desde esa tarde me hice al nombre del ganador entre la gente del pueblo y dejé de ser el mendigo del umbral.

Me divertí mucho con esta tarea y me gustó bastante el resultado.

"Start another story..."

EL BAILE

EL BAILE


Ensayo sobre la nouvelle "El Baile" de la autora rusa Irene Nemirovsky.


Este libro también lo leí el semestre pasado en mi universidad y me impresionó mucho porque la actitud de la protagonista me recuerda mucho a la mía cuando tenía entre 13 y 16 años. Esa ansiedad de sentir que todos (en especial tu mamá) están en tu contra y que tú te mereces algo mucho mejor porque eres más especial que cualquiera. Y esa desesperación por ser vista como mujer, por ser amada y admirada y envidiada. Realmente fue fascinante ver que esta autora había comprendido y capturado esos sentimientos.

LA HIJA, LA MADRE, LA ENEMIGA


Nacida en Ucrania en 1903, la autora de El Baile, Irene Nemirovsky, hace uso de su capacidad de observación y la sensibilidad de su pluma para escribir un relato en el que parece permitir a su niña interior (y a la de sus lectoras) una venganza de fantasía contra una madre fría e hipócrita como la que ella misma tuvo. Nacida en una familia de banqueros judíos, Nemirovsky conocía la sociedad corrupta y falsa de los ricos franceses. Esta autora obtuvo una Licenciatura en letras en la Sorbona en 1926 y se hizo a una reputación entre los círculos literarios y académicos más distinguidos de París desde la publicación de sus novellas e historias cortas, comenzando con Le Malentendu, pasando por la famosa David Golder y Le Bal (El Baile). Cuando Francia le declaró la guerra a Alemania en Septiembre de 1939, Nemirovsky se apresuró a bautizar a sus hijas al catolicismo en un intento de salvarlas de los campos de concentración y de los guetos, que desde tiempos medievales se emplearon en Europa para segregar a los judíos, y que con los nazis se hacían inminentes. Antoinette, la joven protagonista de El Baile, sufre junto con la mudanza y la tintura de su cabello, otro cambio: la conversión al catolicismo. En tiempos previos al nazismo se hacía por estatus, para integrarse mejor a la sociedad de la élite francesa, pero durante la Segunda Guerra Mundial convertirse en un “cristiano no ario” (como eran llamados) era una estrategia de supervivencia. Nemirovsky sigue la tradición de la novelle, una narración corta, realista, normalmente de corte satírico, que originó en Italia durante la Edad Media para dar cuenta de sucesos locales políticos, humorísticos y/o amorosos. En El Baile leemos la historia de una vida que transcurre a la sombra de otra: la de Antoinette, de 14 años, que vive con Rosine Kampf, una madre que la ve como un estorbo.

“Pobre mamá” dice Antoinette después del fiasco del baile que nadie sabe todavía que ella provocó. Su madre no lo nota, pero estas palabras están llenas de la misma condescendencia con la que Rosine Kampf muchas veces menospreció a su hija. En su mente, Antoinette es una mujer muy superior a su madre: más hermosa, más noble, más elegante, más joven y por supuesto más merecedora de amor. Las relaciones entre madre e hija a menudo conllevan conflicto. La hija busca la aprobación de la madre y se forma de ella un modelo. Es una cuestión de supervivencia: una criatura está diseñada para depender de su madre y se sentirá inclinada a formar un fuerte lazo con ella. Las críticas y la indiferencia retuercen dicho lazo formando un nudo corredizo preparado para ahorcar a la hija, controlada e ignorada al mismo tiempo. Rosine Kampf se siente mujer antes que madre y quiere vivir ella. Esto trastoca el ideal del apoyo materno en rivalidad. Aunque no lo dice directamente, las palabras de Rosine siempre dejan un mensaje velado que carcome poco a poco a su hija: “Me arrepiento de tu nacimiento. Me robaste la juventud. Yo nunca quise ser tu madre”. Desprecios como los que sufre Antoinette destruyen su confianza en sí misma y dificultan sus relaciones con los demás, en especial con otras mujeres, a las que acaba viendo como enemigas -tal como sucede con la señorita Isabelle y con Miss Betty-. Sometida a humillaciones públicas y privadas, al silencio (pues “Una niña debe hablar lo menos posible con los mayores”) y a los bruscos cambios en su estilo de vida, Antoinette se siente perdida y anulada. Se convierte en una persona dramática y amargada (algo aprendido de su madre), con sueños de grandeza y deseos encontrados de castigar al mundo y abandonarlo todo. El conflicto ocurre porque ambas desean lo mismo (“yo quiero vivir”, “yo quiero ser amada”, “yo quiero bailar”, “yo quiero ser admirada”) y se encuentran enfrentadas en una competencia que resulta antinatural entre madre e hija.

Antoinette se siente prisionera entre gente sin clase. “Nuevos ricos”. En la novela de Nemirovsky nos adentramos en el mundo de las apariencias, las hipocresías y la superficialidad. La vida social gira alrededor de la reputación, de la cantidad, de la ostentación. Y unos nuevos ricos como los Kampf, entrando apenas al “baile de máscaras”, resultan especialmente grotescos. Antoinette ha sido criada en este ambiente de doble moral, de puñales traperos, de intenciones maquilladas, y ha aprendido a comportarse de igual manera, cultivando la más baja opinión de la gente y los más oscuros deseos sin decir nunca la verdad ni dejar traslucir las emociones (llorar en público la avergüenza). La educación en casa resulta ser sólo otro mecanismo de control, parte del encierro agobiante. La niña vive en una soledad rencorosa, sintiéndose impotente.

La venganza de Antoninette parece suceder por un impulso y no por un acto premeditado. “Una necesidad salvaje de desafío y de hacer daño” la inspira para destruir las invitaciones de las que dependía el triunfo social de su madre. Sin embargo esto no fue cosa de un momento: la niña llevaba tiempo rumiando su odio. Y la catástrofe resulta más espectacular de lo que ella se imaginó, y se da el gusto de verlo en primera fila, aunque paralizada por la emoción: cómo la orgullosa Rosine quedaba humillada frente a la señorita Isabelle, precisamente la persona en la que esperaba despertar envidia. Esta última ironía nos lleva al final del baile fallido. La novela nos dice solamente que una de las dos quedará en las sombras mientras la otra triunfará: el desenlace de una relación tóxica entre dos mujeres con deseos encontrados. Nemirovsky nos hace un relato profundamente emocional y femenino, en el que entran en juego las relaciones familiares y las de la sociedad (entre razas, religiones y clases sociales) poniendo en el centro la identidad que construye para sí una adolescente soñadora y triste a quien la humillación a la madre/enemiga le arranca una sonrisa secreta en la última página.

Es una novela muy corta y hermosa, realmente se las recomiendo.

"El reloj toca cuatro veces... Otra hora perdida, hundida, que se ha escurrido entre los dedos como el agua y no volverá..."

COMO AGUA PARA CHOCOLATE

COMO AGUA PARA CHOCOLATE


Ensayo acerca de la película mexicana de Alfonso Arau basada en la novela de Laura Esquivel.


Esta película es un encanto, y combina dos temas maravillosos: la cocina y el amor. Está llena de realismo mágico, drama, comedia y una visión muy femenina y hermosa de la vida.

LA SAL DE LA MUERTE QUE SAZONA LA VIDA


Cuando nació Tita, su madre había llorado tanto la muerte de su esposo, que la bebé salió del vientre en medio de un río de lágrimas. Al secarse el agua, dejó la cocina cubierta de sal, que sirvió para sazonar las comidas por muchos meses. Tal es el mágico principio de la película Como agua para chocolate del director Jorge Arau basada en la novela de Laura Esquivel, quien también escribió el guión del largometraje. La historia es contada por Esperanza y se trata de Tita, su tía, una joven que al ser la menor de su casa está condenada por la tradición familiar a cuidar a su madre hasta que muera. Esto convierte en prohibido su amor por Pedro y la obliga a poner sus sentimientos en las masas, las salsas y los guisos que prepara como cocinera de la hacienda de Mamá Elena, una mujer dura y terca que defiende sus tradiciones, sus ideas y su hacienda con una voluntad de hierro.

En la obra, los alimentos funcionan como metáfora viva y palpable de los sentimientos y las pasiones humanas. El realismo mágico florece encantadoramente con cada comida. Así, la protagonista llega a cocinar con las rosas que le regaló Pedro, unas rosas que alcanzaron a arañarle el pecho tal y como el amor por él la había lastimado muchas veces. La idea de la receta viene de la voz de Nacha, la cuidadora y maestra culinaria que desde la tumba le sugiere que no tire las flores como le ordenó su madre sino que, como tantas veces antes, ponga sus emociones en la comida. Para Tita, el secreto de una buena comida es hacerla “con mucho amor”, pero también se puede cocinar con tristeza y poner a toda una fiesta a llorar pensando en sus amores perdidos o cocinar con rabia y darle problemas estomacales mortales a una hermana terca y desconsiderada que recuerda a la madre castradora. Cuando las exquisitas perdices en salsa de pétalos de rosa de Tita encienden el cuerpo de los comensales y provocan los halagos de Pedro, Mamá Elena la critica falazmente por no tener suficiente sal. La sal viene de las lágrimas, del dolor de la muerte. Lo que Elena le exige a su hija al pedirle sal es el luto, que viva en la tristeza y en la castidad, llorando el amor que se perdió y manteniendo sobretodo el renombre y las apariencias, así como ella lo hizo al renunciar a ese primer amor de raza negra del que nació Gertrudis. La historia de Gertrudis, la hija de un negro, también resulta contundente para hablar de la relación entre las razas, entre las clases sociales y entre los sexos en el México de la Revolución. Es Gertrudis quien se entrega sin reservas al placer, al sexo, a la guerra. Ella se va de la casa, liberada por el olor a rosas y el calor que subió por su cuerpo después de comer las perdices de Tita. Y esa libertad, esa rebeldía, la convierten en generala de un contingente de los revolucionarios y en confidente y consejera de Tita, siempre a favor del amor prohibido. Gertrudis representa a las Adelitas que desde los años de 1910 se alzaron en armas junto a sus maridos y a sus hijos para defender sus ideales patrióticos. Ella es mujer revolucionaria y se siente partícipe del destino del país y dueña de su propio destino, mientras que Mamá Elena se pone de parte de los roles tradicionales asignándole a su hija menor la cocina y a Rosaura, la del medio, el matrimonio y los hijos. Sin embargo, Elena no está tan condicionada por las tradiciones como para no empuñar un arma para defender su propiedad. “Los hombres no son tan importantes para la vida ni la revolución es tan peligrosa como la pintan” ríe Elena cuando se le increpa acerca de por qué no se casa de nuevo. Ella se ha hecho dura cuidando a sus hijas y administrando su casa, y muere defendiendo lo suyo. El día del entierro, en medio del dolor y del luto, es cuando nace el segundo bebé de Rosaura: una niña prematura llamada Esperanza y a quien Rosaura le asigna el triste destino de cuidar de ella hasta su muerte, siguiendo la tradición. Esperanza tiene un nacimiento similar al de Tita y se gana la compasión de su tía, quien se asegura de que a Rosaura se le pudran por dentro las palabras con las que sentenció a la bebé a una vida sin amor. Tita sazona esas comidas con rencor, con la sal de la muerte, y consigue liberar a su sobrina del yugo de la madre, haciendo posible para Esperanza probar las mieles del romance.

Como agua para chocolate es un cuento de hadas mexicano. La historia recuerda a la de la Cenicienta, a quien se le prohíbe ir al baile en busca del Príncipe. Tita y Pedro se encuentran en un baile y después de esa única noche, se les prohíbe estar juntos. La madre, Mamá Elena, reemplaza a la “madrastra malvada” al frustrar los sueños de su hija, obligándola a una vida de soledad y servidumbre, mientras que Rosaura encarna a la hermanastra fea y malvada que quiere robar el amor del galán. Todo esto dentro del contexto real mexicano, con una Revolución nacida del descontento por las desigualdades económicas y de poderes. Nuestros personajes, en medio de su tragedia familiar y amorosa, parecen alejados de la mayor parte de la violencia y del conflicto, gracias en buena parte a los esfuerzos de Mamá Elena por aislarse de los cambios del presente y mantener su hacienda como monumento de las tradiciones de un México ya perdido. Aun así, la realidad toca la puerta con la presencia de los extranjeros (el doctor americano John Brown, pretendiente de Tita) así como con los encontrones con la guerra, los felices (la visita de Gertrudis con su contingente) y los trágicos (la violación de Chencha y la muerte de Mamá Elena). Lo insólito está presente desde que atestiguamos el poder de los alimentos como forma de expresión (Tita pone en su arte culinario una parte de sí: lágrimas, sangre, deseo, que funcionan literalmente como un ingrediente más) y se manifiesta con aún más contundencia cuando aparece el fantasma de la madre para atormentar a Tita, clamando por la moralidad, castigando a Pedro con fuego. Y así hasta el final, cuando la muerte le arrebata a Tita su amor largo tiempo esperado y a ella no le queda más que arder con él, dejando atrás el libro de su vida: un libro de recetas que contiene el secreto de usar la sal de las lágrimas para sazonar las pasiones de la vida.

¿Vieron la película? ¿Cuál fue su parte favorita?

"Era tan real la sensación de calor que le invadía, que ante el temor de que como un buñuelo le empezaran a brotar burbujas por todo el cuerpo, el vientre, el corazón, los senos. Bajó la mirada y trató de huir."

AGUA

AGUA


Reseña de la película de la genial directora india Deepa Mehta.


Agua hace parte de la trilogía elemental de la directoria Deepa Mehta, que también incluye las películas Tierra y Fuego que tratan los temas de los conflictos político/religiosos y el de la homosexualidad, respectivamente. Agua trata sobre las tradiciones indias respecto a las mujeres.

¿Y si la conciencia entra en conflicto con la fe? Pregunta Didi Shakuntula. Esa es la pregunta que el espectador tendrá que responderse tras conocer la vida de reclusión y pobreza de las viudas en la India de la pre-independencia. ★★★★★

Título Original: Water.
Año: 2005.
Dirección y guión: Deepa Mehta.
Actores: Seema Biswas como Shakuntala, Lisa Ray como Kalyani, John Abraham como Narayan y Sarala como Chuyia.
Duración: 114 minutos.

“Ojalá en su próxima vida sea un hombre” es el deseo que una viuda para la recién fallecida Patiraj, un deseo más que comprensible si consideramos la vida de estas viudas en la India de 1938 (hacia el final de la época en la que la India era una colonia británica) en la que las mujeres que han perdido a sus maridos se convierten en marginadas. Sobre ellas se centra la historia de “Agua”, una película de la aclamada directora, productora y escritora de origen indio Deepa Mehta, nacida el 1 de Enero de 1950 en Amritsar. Esta directora ha recibido honores por enfocar sus películas en problemas sociales y políticos como los que viven los protagonistas de su trilogía elemental sobre la vida en la India, de la que hace parte “Agua”, llamada así por la idea de la directora de que existe agua estancada y agua en movimiento, y que las tradiciones estrictas y represivas son como agua estancada que debería dejarse fluir para que cobre vida. Así, los episodios más significativos de la historia (en especial los encuentros entre Kalyani y Narayan) están acompañados de la lluvia que lleva mensajes de amor (como en el poema de Meghaduta) y del río sagrado que lleva en su cauce la vida y la muerte.

La pequeña Chuyia, de solo 8 años, ha enviudado de un hombre que jamás conoció y fue abandonada en un Ashram, la “casa del dolor” en la que un grupo de mujeres cumple su sentencia al rechazar las únicas otras opciones que se les ofrecían al morir sus esposos: arrojarse a la pira funeraria y morir incineradas con ellos o casarse con sus hermanos menores, si lo permite su familia. Deben raparse la cabeza, vestir de blanco representando su luto y renunciar a las comidas calientes y dulces. Así lo dicta el código Manu, que según la tradición fue dictado por el sabio Manu como iluminación para los rishis, un texto de hace 2000 años (data del segundo o tercer siglo de la Era Común) que incluye normas morales y legales que señalan a las mujeres viudas como personas medio muertas. Aun así, como lo señalan el apuesto gandhinista Narayan y el honesto gurú que atiende a Didi Shakuntula, a veces las leyes se ignoran o se distorsionan cuando es conveniente, en este caso, por cuestiones económicas. En la misma línea de pensamiento, Mahatma Ghandi es considerado por el eunuco/proxeneta Gulabi como un loco que destruirá a la India, y así mismo piensan muchos tradicionalistas y fundamentalistas, pero para Narayan y el gurú, Ghandi es un hombre de conciencia, de razón, un hombre que habla a favor de las viudas y de los intocables porque ama la verdad y considera que la verdad ES Dios.

Sin embargo, la película no gira alrededor del líder pacifista, sino alrededor de las privaciones, la soledad, la tristeza y las sencillas alegrías de las viudas recluidas. Es evidente que estas mujeres viven en la desigualdad de un mundo patriarcal que las considera sucias, como un despojo que contamina hasta con su sombra. “¿Y dónde está el Ashram de los hombres?” pregunta la inteligente Chuyia y de inmediato es maldecida por las otras mujeres, resignadas a las viejas costumbres. Costumbres que permiten que mientras ellas mendigan afuera de los templos, los hombres ricos (y casados) contraten los servicios de Kalyani, quien sirve como prostituta para apoyar económicamente al Ashram -y aun así es despreciada hasta por las viudas que comparten su misma suerte. La división entre clases sociales es marcada: la mayoría de las viudas ni siquiera sabe leer, mientras que los ricos ignoran impunemente las leyes morales, estudian en con los británicos y cantan en inglés.

En medio de las multicolores telas indias, de los vibrantes tonos de la naturaleza y de la alegría del Holi, contrasta el austero sari blanco de Chiyua, una niña de mente aguda que no pierde la esperanza y que no deja de amar. Chiyua le da vida al encierro acompañando el amor de Kalyani y Narayan, jugando con el pequeño Kaalu, consintiendo por última vez a la dulce Patiraj, saltando y correteando al ritmo de la apasionada música india que suena de fondo (y que nos habla de una tradición llena de belleza así como de sufrimiento). Cuestionándolo todo, luchando contra la indolencia de Didi Madhumati, desordenando la monótona vida del Ashram, la “ratoncita” Chiyua agita las aguas sagradas del Ganges que señalan los confines de la vida de estas conmovedoras viudas. Sus historias nos dejan un sabor agridulce de esperanza en medio de la crueldad y con el anhelo de que el agua siga fluyendo y traiga un futuro más justo para las mujeres de la India y del mundo.

¡Realmente les recomiendo esta película!

"To talk about the truth is easy, but to live by it is not"


ARRÁNCAME LA VIDA

ARRÁNCAME LA VIDA


Un corto ensayo sobre la novela de Ángeles Mastreta.


Algo que me llamó mucho la atención el semestre pasado cuando estábamos estudiando esta novela fue aprender sobre la revolución mexicana y el papel de las Adelitas, mujeres que se hicieron de fusiles y salieron a la guerra junto con sus maridos, hijos y padres. También tuve la oportunidad de ver "Como Agua Para Chocolate" y me dieron muchas ganas de leer la novela. Más adelante publicaré el ensayo que hice sobre la película.


La vida desgajada de México y sus mujeres


¿Quién le arrancó la vida a Catalina Guzmán de Ascencio? Fue el dueño de ese nombre, Andrés Ascencio, quien la escogió como su esposa sin preguntarle y le impuso ese "de Ascencio" que la Catalina quinceañera no entendió en el momento pero que constituía la clara señal de que había pasado a ser la propiedad de ese hombre brusco, terco y hablador que le había arrancado de golpe de tanto la virginidad como la infancia. Pero Andrés no estuvo solo, lo acompañaba la sociedad mexicana de los años 30, machista y politiquera, que él representa en Arráncame la vida. La galardonada novela de Ángeles Mistretta nos presenta dos lados de México: el México público comido por la violencia y la corrupción de sus gobernantes y el México privado en el que los papeles de los géneros están predeterminados por unos valores de los que las mujeres son depositarias. Y es desde las ventanas de ese México doméstico y desde la intimidad de la vida de Catalina Guzmán que exploramos el complejo panorama político mexicano posterior a la Revolución.

La escritora, Ángeles Mastreta, evidencia en su libro una preocupación literaria, no porque realice grandes experimentaciones lingüísticas (su obra es de un lenguaje sencillo y muy mexicano que permite una lectura fluida y aumenta la sensación de cercanía con la protagonista/narradora, distinta de las escrituras excesivamente poéticas y a veces hasta crípticas de los autores del Boom), sino en el sentido de su compromiso como escritora a hablar acerca de su tiempo, de su país, de la realidad que la rodea. Su compromiso es principalmente con las mujeres y en su obra escuchamos su voz, su voz desde las periferias de la sociedad.

Catalina Guzmán evoluciona constantemente como personaje y como mujer a medida que va cayendo en cuenta de su rol y de las verdades que Andrés no le cuenta. Y al hacer esa toma de conciencia, comienza a pelear fieramente por hacerse un lugar en esa vida que le han impuesto, esa vida de esposa de un político, que ella cambiaría por la de una amante, esa vida de madre de hijos que pero que ella cuidaba y criaba pero que de todas maneras se llamaban Ascencio, esa vida de gobernadora que más bien era de organizadora de eventos. Catalina empieza como una niña a la que se le mete por los ojos y por los oídos un hombre mucho mayor. Con él, la protagonista comienza a descubrir la sexualidad y se abre frente a ella un mundo hasta entonces inaccesible, que empieza con las visitas a su único amante duradero: el mar. A pesar de las advertencias de los conocidos, se lleva a cabo un matrimonio en el que queda claro que Catalina no es más que un producto llamado “señora” que el general está adquiriendo para que administre la vida doméstica de su casa mientras él se ocupa de su vida de gobernador. Mastreta nos presenta a un personaje muy bien construido, y lo que le hace falta a la novela en complejidad lingüística, abunda con la complejidad de sus personajes. La niña ingenua que es Cati, y sus amigas (Bibi, Pepa, Mónica), más ingenuas aún, crecen para convertirse en mujeres inteligentes, capaces y astutas que hacen todo lo posible para construirse como seres humanos en el estrecho espacio que les dejan sus maridos. Catalina no es una mujer convencional y por lo tanto no es capaz de ser la “madre enternecida” y abnegada que se le pide que sea. En una escena escatológica, ella devuelve la comida ante la realización de los actos criminales de Andrés, y decide no encargarse más de los hijos y los hijastros por un tiempo. El abandono al papel materno es uno de sus primeros actos de rebeldía contra la vida de “señora” que la asfixia. A partir del asesinato del padre de Magdalena Maynes, también abandona el papel de esposa enamorada y fiel y comienza la búsqueda de los amantes, el refugio del amor que le trae sufrimientos y desencantos. Con el arresto del padre de la iglesia de Santiago, la protagonista también pierde la poca fe que le quedaba en la religión. Y así, pedazo a pedazo, se le va arrancando la vida.

Una vez Catalina se da cuenta de que no puede seguir ignorando los movimientos de su marido, hace un esfuerzo por darse dignidad como persona, como gobernadora, como ser político, participando cuanto puede en la vida pública que en su juventud solamente la abrumaba. En todo momento, Mastreta nos ofrece a un personaje que es mucho más que la mujer tradicional, de hecho, crea a una mujer real, alejada de los ideales del ama de casa. “-No sabes montar, no sabes guisar, no sabes coger” le reclama Andrés, y es verdad, Catalina tenía una relación muy cercana con su padre y en la que no aprendió a ser la “señora” que necesitaba un hombre como el general Ascencio. Esa relación puede hacernos pensar en la de la escritora con su propio padre, quien tuvo mucho que ver su apuesta por el periodismo y la literatura. Ángeles Mastreta nació en 1949, un par de décadas después que su personaje ficcional, pero lo suficientemente cerca del México del que escribe. En los años 70 y 80 la participación de Mastreta en medios feministas como la revista FEM le permitió desarrollar esa preocupación por otorgarle una voz a lo femenino que desarrolló en 1987 cuando su novela fue publicada. Y el punto de vista femenino y feminista se adivina en esa protagonista fuerte y astuta que se concientiza más y más de las desigualdades entre hombres y mujeres y del machismo de su marido. A lo largo de la novela lo encontramos en apartes como este:

Volví al grupo de las mujeres. Prefería oír la plática de los hombres, pero no era correcto. Siempre las cenas se dividían así, de un lado los hombres y en el otro nosotras hablando de partos, sirvientas y peinados. El maravilloso mundo de la mujer, llamaba Andrés a eso.
(Mastreta, 1990: 64)

Y entre los azares de la vida de la mujer de la alta sociedad mexicana nos encontramos inevitablemente con lo político y en especial con la hipocresía y la violencia política. En la historia la muerte no deja de llamar a la puerta de Catalina a pesar de sus esfuerzos por mantener afuera todos los horrores de los asesinatos, las intimidaciones, las expropiaciones ilegales, las amantes y los crímenes diversos de su marido. Pareciera que la guerra civil no había acabado a pesar de la constitución de 1917, puesto que la lucha de poderes sigue, las desigualdades siguen. En Arráncame la vida los ideales de la Revolución se caen a pedazos como una gran farsa. Los acaban la ambición y las rivalidades políticas.

Cuando su esposa le pregunta por su pasado, Andrés cuenta una historia en la que el padre de Eulalia, su primera mujer vaticina los acontecimientos políticos de la revolución y los ires y venires que tendrían que aguantar como consecuencia de las disputas entre convencionalistas y constitucionalistas. Don Refugio representa a los campesinos que pusieron sus esperanzas en la Revolución y que creyeron en sus promesas de reivindicación de los pobres, pero que siguieron en la misma miseria. “-Lo que pasa es que tú no crees en la democracia” acusa el suegro a Andrés, y tiene razón, para Andrés la democracia es “dirigida”, su obsesión no es ser un gran líder sino ser rico y poderoso. Esos deseos lo guían toda su vida. Por eso cambia de pareceres, de amistades y de creencias, según lo amerite la ocasión. Esto lo nota Catalina, por ejemplo, cuando Ascencio da sus hipócritas discursos sobre los derechos de las mujeres, que acababan de obtener el derecho al voto, y en el cambio de postura respecto al matrimonio por la iglesia una vez cambia el clima político y muere el pleito con los curas.

Catalina vive en el mundo de las apariencias, en el mundo de una esposa de político, y se descubre perfectamente capaz de desarrollar, como él, muchas vidas secretas, una red de secretos y de mentiras que le permiten recuperar un poco de esa vida que le arrancaron al casarse tan joven y sin haber estudiado más que labores domésticas como cocina y tejido, y sin conocer nada sobre el sexo y sobre el mundo público, el mundo de los hombres. A su manera, Andrés reconoce la inteligencia de la mujer diciéndole que parece eso, hombre, que es capaz, inteligente y sabia como solo los hombres tienen permitido ser. Así, Mastreta cumple ese deber del escritor de registrar el mundo y hacerlo historia, tanto desde la conciencia feminista como desde la preocupación por el tejido político-social de su patria.

¿Conocen a esta autora?

"¿Y ustedes qué? ¿Se quieren o se van a querer?"