domingo, 18 de septiembre de 2016

AGUA

AGUA


Reseña de la película de la genial directora india Deepa Mehta.


Agua hace parte de la trilogía elemental de la directoria Deepa Mehta, que también incluye las películas Tierra y Fuego que tratan los temas de los conflictos político/religiosos y el de la homosexualidad, respectivamente. Agua trata sobre las tradiciones indias respecto a las mujeres.

¿Y si la conciencia entra en conflicto con la fe? Pregunta Didi Shakuntula. Esa es la pregunta que el espectador tendrá que responderse tras conocer la vida de reclusión y pobreza de las viudas en la India de la pre-independencia. ★★★★★

Título Original: Water.
Año: 2005.
Dirección y guión: Deepa Mehta.
Actores: Seema Biswas como Shakuntala, Lisa Ray como Kalyani, John Abraham como Narayan y Sarala como Chuyia.
Duración: 114 minutos.

“Ojalá en su próxima vida sea un hombre” es el deseo que una viuda para la recién fallecida Patiraj, un deseo más que comprensible si consideramos la vida de estas viudas en la India de 1938 (hacia el final de la época en la que la India era una colonia británica) en la que las mujeres que han perdido a sus maridos se convierten en marginadas. Sobre ellas se centra la historia de “Agua”, una película de la aclamada directora, productora y escritora de origen indio Deepa Mehta, nacida el 1 de Enero de 1950 en Amritsar. Esta directora ha recibido honores por enfocar sus películas en problemas sociales y políticos como los que viven los protagonistas de su trilogía elemental sobre la vida en la India, de la que hace parte “Agua”, llamada así por la idea de la directora de que existe agua estancada y agua en movimiento, y que las tradiciones estrictas y represivas son como agua estancada que debería dejarse fluir para que cobre vida. Así, los episodios más significativos de la historia (en especial los encuentros entre Kalyani y Narayan) están acompañados de la lluvia que lleva mensajes de amor (como en el poema de Meghaduta) y del río sagrado que lleva en su cauce la vida y la muerte.

La pequeña Chuyia, de solo 8 años, ha enviudado de un hombre que jamás conoció y fue abandonada en un Ashram, la “casa del dolor” en la que un grupo de mujeres cumple su sentencia al rechazar las únicas otras opciones que se les ofrecían al morir sus esposos: arrojarse a la pira funeraria y morir incineradas con ellos o casarse con sus hermanos menores, si lo permite su familia. Deben raparse la cabeza, vestir de blanco representando su luto y renunciar a las comidas calientes y dulces. Así lo dicta el código Manu, que según la tradición fue dictado por el sabio Manu como iluminación para los rishis, un texto de hace 2000 años (data del segundo o tercer siglo de la Era Común) que incluye normas morales y legales que señalan a las mujeres viudas como personas medio muertas. Aun así, como lo señalan el apuesto gandhinista Narayan y el honesto gurú que atiende a Didi Shakuntula, a veces las leyes se ignoran o se distorsionan cuando es conveniente, en este caso, por cuestiones económicas. En la misma línea de pensamiento, Mahatma Ghandi es considerado por el eunuco/proxeneta Gulabi como un loco que destruirá a la India, y así mismo piensan muchos tradicionalistas y fundamentalistas, pero para Narayan y el gurú, Ghandi es un hombre de conciencia, de razón, un hombre que habla a favor de las viudas y de los intocables porque ama la verdad y considera que la verdad ES Dios.

Sin embargo, la película no gira alrededor del líder pacifista, sino alrededor de las privaciones, la soledad, la tristeza y las sencillas alegrías de las viudas recluidas. Es evidente que estas mujeres viven en la desigualdad de un mundo patriarcal que las considera sucias, como un despojo que contamina hasta con su sombra. “¿Y dónde está el Ashram de los hombres?” pregunta la inteligente Chuyia y de inmediato es maldecida por las otras mujeres, resignadas a las viejas costumbres. Costumbres que permiten que mientras ellas mendigan afuera de los templos, los hombres ricos (y casados) contraten los servicios de Kalyani, quien sirve como prostituta para apoyar económicamente al Ashram -y aun así es despreciada hasta por las viudas que comparten su misma suerte. La división entre clases sociales es marcada: la mayoría de las viudas ni siquiera sabe leer, mientras que los ricos ignoran impunemente las leyes morales, estudian en con los británicos y cantan en inglés.

En medio de las multicolores telas indias, de los vibrantes tonos de la naturaleza y de la alegría del Holi, contrasta el austero sari blanco de Chiyua, una niña de mente aguda que no pierde la esperanza y que no deja de amar. Chiyua le da vida al encierro acompañando el amor de Kalyani y Narayan, jugando con el pequeño Kaalu, consintiendo por última vez a la dulce Patiraj, saltando y correteando al ritmo de la apasionada música india que suena de fondo (y que nos habla de una tradición llena de belleza así como de sufrimiento). Cuestionándolo todo, luchando contra la indolencia de Didi Madhumati, desordenando la monótona vida del Ashram, la “ratoncita” Chiyua agita las aguas sagradas del Ganges que señalan los confines de la vida de estas conmovedoras viudas. Sus historias nos dejan un sabor agridulce de esperanza en medio de la crueldad y con el anhelo de que el agua siga fluyendo y traiga un futuro más justo para las mujeres de la India y del mundo.

¡Realmente les recomiendo esta película!

"To talk about the truth is easy, but to live by it is not"


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