domingo, 18 de septiembre de 2016

ARRÁNCAME LA VIDA

ARRÁNCAME LA VIDA


Un corto ensayo sobre la novela de Ángeles Mastreta.


Algo que me llamó mucho la atención el semestre pasado cuando estábamos estudiando esta novela fue aprender sobre la revolución mexicana y el papel de las Adelitas, mujeres que se hicieron de fusiles y salieron a la guerra junto con sus maridos, hijos y padres. También tuve la oportunidad de ver "Como Agua Para Chocolate" y me dieron muchas ganas de leer la novela. Más adelante publicaré el ensayo que hice sobre la película.


La vida desgajada de México y sus mujeres


¿Quién le arrancó la vida a Catalina Guzmán de Ascencio? Fue el dueño de ese nombre, Andrés Ascencio, quien la escogió como su esposa sin preguntarle y le impuso ese "de Ascencio" que la Catalina quinceañera no entendió en el momento pero que constituía la clara señal de que había pasado a ser la propiedad de ese hombre brusco, terco y hablador que le había arrancado de golpe de tanto la virginidad como la infancia. Pero Andrés no estuvo solo, lo acompañaba la sociedad mexicana de los años 30, machista y politiquera, que él representa en Arráncame la vida. La galardonada novela de Ángeles Mistretta nos presenta dos lados de México: el México público comido por la violencia y la corrupción de sus gobernantes y el México privado en el que los papeles de los géneros están predeterminados por unos valores de los que las mujeres son depositarias. Y es desde las ventanas de ese México doméstico y desde la intimidad de la vida de Catalina Guzmán que exploramos el complejo panorama político mexicano posterior a la Revolución.

La escritora, Ángeles Mastreta, evidencia en su libro una preocupación literaria, no porque realice grandes experimentaciones lingüísticas (su obra es de un lenguaje sencillo y muy mexicano que permite una lectura fluida y aumenta la sensación de cercanía con la protagonista/narradora, distinta de las escrituras excesivamente poéticas y a veces hasta crípticas de los autores del Boom), sino en el sentido de su compromiso como escritora a hablar acerca de su tiempo, de su país, de la realidad que la rodea. Su compromiso es principalmente con las mujeres y en su obra escuchamos su voz, su voz desde las periferias de la sociedad.

Catalina Guzmán evoluciona constantemente como personaje y como mujer a medida que va cayendo en cuenta de su rol y de las verdades que Andrés no le cuenta. Y al hacer esa toma de conciencia, comienza a pelear fieramente por hacerse un lugar en esa vida que le han impuesto, esa vida de esposa de un político, que ella cambiaría por la de una amante, esa vida de madre de hijos que pero que ella cuidaba y criaba pero que de todas maneras se llamaban Ascencio, esa vida de gobernadora que más bien era de organizadora de eventos. Catalina empieza como una niña a la que se le mete por los ojos y por los oídos un hombre mucho mayor. Con él, la protagonista comienza a descubrir la sexualidad y se abre frente a ella un mundo hasta entonces inaccesible, que empieza con las visitas a su único amante duradero: el mar. A pesar de las advertencias de los conocidos, se lleva a cabo un matrimonio en el que queda claro que Catalina no es más que un producto llamado “señora” que el general está adquiriendo para que administre la vida doméstica de su casa mientras él se ocupa de su vida de gobernador. Mastreta nos presenta a un personaje muy bien construido, y lo que le hace falta a la novela en complejidad lingüística, abunda con la complejidad de sus personajes. La niña ingenua que es Cati, y sus amigas (Bibi, Pepa, Mónica), más ingenuas aún, crecen para convertirse en mujeres inteligentes, capaces y astutas que hacen todo lo posible para construirse como seres humanos en el estrecho espacio que les dejan sus maridos. Catalina no es una mujer convencional y por lo tanto no es capaz de ser la “madre enternecida” y abnegada que se le pide que sea. En una escena escatológica, ella devuelve la comida ante la realización de los actos criminales de Andrés, y decide no encargarse más de los hijos y los hijastros por un tiempo. El abandono al papel materno es uno de sus primeros actos de rebeldía contra la vida de “señora” que la asfixia. A partir del asesinato del padre de Magdalena Maynes, también abandona el papel de esposa enamorada y fiel y comienza la búsqueda de los amantes, el refugio del amor que le trae sufrimientos y desencantos. Con el arresto del padre de la iglesia de Santiago, la protagonista también pierde la poca fe que le quedaba en la religión. Y así, pedazo a pedazo, se le va arrancando la vida.

Una vez Catalina se da cuenta de que no puede seguir ignorando los movimientos de su marido, hace un esfuerzo por darse dignidad como persona, como gobernadora, como ser político, participando cuanto puede en la vida pública que en su juventud solamente la abrumaba. En todo momento, Mastreta nos ofrece a un personaje que es mucho más que la mujer tradicional, de hecho, crea a una mujer real, alejada de los ideales del ama de casa. “-No sabes montar, no sabes guisar, no sabes coger” le reclama Andrés, y es verdad, Catalina tenía una relación muy cercana con su padre y en la que no aprendió a ser la “señora” que necesitaba un hombre como el general Ascencio. Esa relación puede hacernos pensar en la de la escritora con su propio padre, quien tuvo mucho que ver su apuesta por el periodismo y la literatura. Ángeles Mastreta nació en 1949, un par de décadas después que su personaje ficcional, pero lo suficientemente cerca del México del que escribe. En los años 70 y 80 la participación de Mastreta en medios feministas como la revista FEM le permitió desarrollar esa preocupación por otorgarle una voz a lo femenino que desarrolló en 1987 cuando su novela fue publicada. Y el punto de vista femenino y feminista se adivina en esa protagonista fuerte y astuta que se concientiza más y más de las desigualdades entre hombres y mujeres y del machismo de su marido. A lo largo de la novela lo encontramos en apartes como este:

Volví al grupo de las mujeres. Prefería oír la plática de los hombres, pero no era correcto. Siempre las cenas se dividían así, de un lado los hombres y en el otro nosotras hablando de partos, sirvientas y peinados. El maravilloso mundo de la mujer, llamaba Andrés a eso.
(Mastreta, 1990: 64)

Y entre los azares de la vida de la mujer de la alta sociedad mexicana nos encontramos inevitablemente con lo político y en especial con la hipocresía y la violencia política. En la historia la muerte no deja de llamar a la puerta de Catalina a pesar de sus esfuerzos por mantener afuera todos los horrores de los asesinatos, las intimidaciones, las expropiaciones ilegales, las amantes y los crímenes diversos de su marido. Pareciera que la guerra civil no había acabado a pesar de la constitución de 1917, puesto que la lucha de poderes sigue, las desigualdades siguen. En Arráncame la vida los ideales de la Revolución se caen a pedazos como una gran farsa. Los acaban la ambición y las rivalidades políticas.

Cuando su esposa le pregunta por su pasado, Andrés cuenta una historia en la que el padre de Eulalia, su primera mujer vaticina los acontecimientos políticos de la revolución y los ires y venires que tendrían que aguantar como consecuencia de las disputas entre convencionalistas y constitucionalistas. Don Refugio representa a los campesinos que pusieron sus esperanzas en la Revolución y que creyeron en sus promesas de reivindicación de los pobres, pero que siguieron en la misma miseria. “-Lo que pasa es que tú no crees en la democracia” acusa el suegro a Andrés, y tiene razón, para Andrés la democracia es “dirigida”, su obsesión no es ser un gran líder sino ser rico y poderoso. Esos deseos lo guían toda su vida. Por eso cambia de pareceres, de amistades y de creencias, según lo amerite la ocasión. Esto lo nota Catalina, por ejemplo, cuando Ascencio da sus hipócritas discursos sobre los derechos de las mujeres, que acababan de obtener el derecho al voto, y en el cambio de postura respecto al matrimonio por la iglesia una vez cambia el clima político y muere el pleito con los curas.

Catalina vive en el mundo de las apariencias, en el mundo de una esposa de político, y se descubre perfectamente capaz de desarrollar, como él, muchas vidas secretas, una red de secretos y de mentiras que le permiten recuperar un poco de esa vida que le arrancaron al casarse tan joven y sin haber estudiado más que labores domésticas como cocina y tejido, y sin conocer nada sobre el sexo y sobre el mundo público, el mundo de los hombres. A su manera, Andrés reconoce la inteligencia de la mujer diciéndole que parece eso, hombre, que es capaz, inteligente y sabia como solo los hombres tienen permitido ser. Así, Mastreta cumple ese deber del escritor de registrar el mundo y hacerlo historia, tanto desde la conciencia feminista como desde la preocupación por el tejido político-social de su patria.

¿Conocen a esta autora?

"¿Y ustedes qué? ¿Se quieren o se van a querer?"


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