domingo, 18 de septiembre de 2016

COMO AGUA PARA CHOCOLATE

COMO AGUA PARA CHOCOLATE


Ensayo acerca de la película mexicana de Alfonso Arau basada en la novela de Laura Esquivel.


Esta película es un encanto, y combina dos temas maravillosos: la cocina y el amor. Está llena de realismo mágico, drama, comedia y una visión muy femenina y hermosa de la vida.

LA SAL DE LA MUERTE QUE SAZONA LA VIDA


Cuando nació Tita, su madre había llorado tanto la muerte de su esposo, que la bebé salió del vientre en medio de un río de lágrimas. Al secarse el agua, dejó la cocina cubierta de sal, que sirvió para sazonar las comidas por muchos meses. Tal es el mágico principio de la película Como agua para chocolate del director Jorge Arau basada en la novela de Laura Esquivel, quien también escribió el guión del largometraje. La historia es contada por Esperanza y se trata de Tita, su tía, una joven que al ser la menor de su casa está condenada por la tradición familiar a cuidar a su madre hasta que muera. Esto convierte en prohibido su amor por Pedro y la obliga a poner sus sentimientos en las masas, las salsas y los guisos que prepara como cocinera de la hacienda de Mamá Elena, una mujer dura y terca que defiende sus tradiciones, sus ideas y su hacienda con una voluntad de hierro.

En la obra, los alimentos funcionan como metáfora viva y palpable de los sentimientos y las pasiones humanas. El realismo mágico florece encantadoramente con cada comida. Así, la protagonista llega a cocinar con las rosas que le regaló Pedro, unas rosas que alcanzaron a arañarle el pecho tal y como el amor por él la había lastimado muchas veces. La idea de la receta viene de la voz de Nacha, la cuidadora y maestra culinaria que desde la tumba le sugiere que no tire las flores como le ordenó su madre sino que, como tantas veces antes, ponga sus emociones en la comida. Para Tita, el secreto de una buena comida es hacerla “con mucho amor”, pero también se puede cocinar con tristeza y poner a toda una fiesta a llorar pensando en sus amores perdidos o cocinar con rabia y darle problemas estomacales mortales a una hermana terca y desconsiderada que recuerda a la madre castradora. Cuando las exquisitas perdices en salsa de pétalos de rosa de Tita encienden el cuerpo de los comensales y provocan los halagos de Pedro, Mamá Elena la critica falazmente por no tener suficiente sal. La sal viene de las lágrimas, del dolor de la muerte. Lo que Elena le exige a su hija al pedirle sal es el luto, que viva en la tristeza y en la castidad, llorando el amor que se perdió y manteniendo sobretodo el renombre y las apariencias, así como ella lo hizo al renunciar a ese primer amor de raza negra del que nació Gertrudis. La historia de Gertrudis, la hija de un negro, también resulta contundente para hablar de la relación entre las razas, entre las clases sociales y entre los sexos en el México de la Revolución. Es Gertrudis quien se entrega sin reservas al placer, al sexo, a la guerra. Ella se va de la casa, liberada por el olor a rosas y el calor que subió por su cuerpo después de comer las perdices de Tita. Y esa libertad, esa rebeldía, la convierten en generala de un contingente de los revolucionarios y en confidente y consejera de Tita, siempre a favor del amor prohibido. Gertrudis representa a las Adelitas que desde los años de 1910 se alzaron en armas junto a sus maridos y a sus hijos para defender sus ideales patrióticos. Ella es mujer revolucionaria y se siente partícipe del destino del país y dueña de su propio destino, mientras que Mamá Elena se pone de parte de los roles tradicionales asignándole a su hija menor la cocina y a Rosaura, la del medio, el matrimonio y los hijos. Sin embargo, Elena no está tan condicionada por las tradiciones como para no empuñar un arma para defender su propiedad. “Los hombres no son tan importantes para la vida ni la revolución es tan peligrosa como la pintan” ríe Elena cuando se le increpa acerca de por qué no se casa de nuevo. Ella se ha hecho dura cuidando a sus hijas y administrando su casa, y muere defendiendo lo suyo. El día del entierro, en medio del dolor y del luto, es cuando nace el segundo bebé de Rosaura: una niña prematura llamada Esperanza y a quien Rosaura le asigna el triste destino de cuidar de ella hasta su muerte, siguiendo la tradición. Esperanza tiene un nacimiento similar al de Tita y se gana la compasión de su tía, quien se asegura de que a Rosaura se le pudran por dentro las palabras con las que sentenció a la bebé a una vida sin amor. Tita sazona esas comidas con rencor, con la sal de la muerte, y consigue liberar a su sobrina del yugo de la madre, haciendo posible para Esperanza probar las mieles del romance.

Como agua para chocolate es un cuento de hadas mexicano. La historia recuerda a la de la Cenicienta, a quien se le prohíbe ir al baile en busca del Príncipe. Tita y Pedro se encuentran en un baile y después de esa única noche, se les prohíbe estar juntos. La madre, Mamá Elena, reemplaza a la “madrastra malvada” al frustrar los sueños de su hija, obligándola a una vida de soledad y servidumbre, mientras que Rosaura encarna a la hermanastra fea y malvada que quiere robar el amor del galán. Todo esto dentro del contexto real mexicano, con una Revolución nacida del descontento por las desigualdades económicas y de poderes. Nuestros personajes, en medio de su tragedia familiar y amorosa, parecen alejados de la mayor parte de la violencia y del conflicto, gracias en buena parte a los esfuerzos de Mamá Elena por aislarse de los cambios del presente y mantener su hacienda como monumento de las tradiciones de un México ya perdido. Aun así, la realidad toca la puerta con la presencia de los extranjeros (el doctor americano John Brown, pretendiente de Tita) así como con los encontrones con la guerra, los felices (la visita de Gertrudis con su contingente) y los trágicos (la violación de Chencha y la muerte de Mamá Elena). Lo insólito está presente desde que atestiguamos el poder de los alimentos como forma de expresión (Tita pone en su arte culinario una parte de sí: lágrimas, sangre, deseo, que funcionan literalmente como un ingrediente más) y se manifiesta con aún más contundencia cuando aparece el fantasma de la madre para atormentar a Tita, clamando por la moralidad, castigando a Pedro con fuego. Y así hasta el final, cuando la muerte le arrebata a Tita su amor largo tiempo esperado y a ella no le queda más que arder con él, dejando atrás el libro de su vida: un libro de recetas que contiene el secreto de usar la sal de las lágrimas para sazonar las pasiones de la vida.

¿Vieron la película? ¿Cuál fue su parte favorita?

"Era tan real la sensación de calor que le invadía, que ante el temor de que como un buñuelo le empezaran a brotar burbujas por todo el cuerpo, el vientre, el corazón, los senos. Bajó la mirada y trató de huir."

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