domingo, 18 de septiembre de 2016

EL BAILE

EL BAILE


Ensayo sobre la nouvelle "El Baile" de la autora rusa Irene Nemirovsky.


Este libro también lo leí el semestre pasado en mi universidad y me impresionó mucho porque la actitud de la protagonista me recuerda mucho a la mía cuando tenía entre 13 y 16 años. Esa ansiedad de sentir que todos (en especial tu mamá) están en tu contra y que tú te mereces algo mucho mejor porque eres más especial que cualquiera. Y esa desesperación por ser vista como mujer, por ser amada y admirada y envidiada. Realmente fue fascinante ver que esta autora había comprendido y capturado esos sentimientos.

LA HIJA, LA MADRE, LA ENEMIGA


Nacida en Ucrania en 1903, la autora de El Baile, Irene Nemirovsky, hace uso de su capacidad de observación y la sensibilidad de su pluma para escribir un relato en el que parece permitir a su niña interior (y a la de sus lectoras) una venganza de fantasía contra una madre fría e hipócrita como la que ella misma tuvo. Nacida en una familia de banqueros judíos, Nemirovsky conocía la sociedad corrupta y falsa de los ricos franceses. Esta autora obtuvo una Licenciatura en letras en la Sorbona en 1926 y se hizo a una reputación entre los círculos literarios y académicos más distinguidos de París desde la publicación de sus novellas e historias cortas, comenzando con Le Malentendu, pasando por la famosa David Golder y Le Bal (El Baile). Cuando Francia le declaró la guerra a Alemania en Septiembre de 1939, Nemirovsky se apresuró a bautizar a sus hijas al catolicismo en un intento de salvarlas de los campos de concentración y de los guetos, que desde tiempos medievales se emplearon en Europa para segregar a los judíos, y que con los nazis se hacían inminentes. Antoinette, la joven protagonista de El Baile, sufre junto con la mudanza y la tintura de su cabello, otro cambio: la conversión al catolicismo. En tiempos previos al nazismo se hacía por estatus, para integrarse mejor a la sociedad de la élite francesa, pero durante la Segunda Guerra Mundial convertirse en un “cristiano no ario” (como eran llamados) era una estrategia de supervivencia. Nemirovsky sigue la tradición de la novelle, una narración corta, realista, normalmente de corte satírico, que originó en Italia durante la Edad Media para dar cuenta de sucesos locales políticos, humorísticos y/o amorosos. En El Baile leemos la historia de una vida que transcurre a la sombra de otra: la de Antoinette, de 14 años, que vive con Rosine Kampf, una madre que la ve como un estorbo.

“Pobre mamá” dice Antoinette después del fiasco del baile que nadie sabe todavía que ella provocó. Su madre no lo nota, pero estas palabras están llenas de la misma condescendencia con la que Rosine Kampf muchas veces menospreció a su hija. En su mente, Antoinette es una mujer muy superior a su madre: más hermosa, más noble, más elegante, más joven y por supuesto más merecedora de amor. Las relaciones entre madre e hija a menudo conllevan conflicto. La hija busca la aprobación de la madre y se forma de ella un modelo. Es una cuestión de supervivencia: una criatura está diseñada para depender de su madre y se sentirá inclinada a formar un fuerte lazo con ella. Las críticas y la indiferencia retuercen dicho lazo formando un nudo corredizo preparado para ahorcar a la hija, controlada e ignorada al mismo tiempo. Rosine Kampf se siente mujer antes que madre y quiere vivir ella. Esto trastoca el ideal del apoyo materno en rivalidad. Aunque no lo dice directamente, las palabras de Rosine siempre dejan un mensaje velado que carcome poco a poco a su hija: “Me arrepiento de tu nacimiento. Me robaste la juventud. Yo nunca quise ser tu madre”. Desprecios como los que sufre Antoinette destruyen su confianza en sí misma y dificultan sus relaciones con los demás, en especial con otras mujeres, a las que acaba viendo como enemigas -tal como sucede con la señorita Isabelle y con Miss Betty-. Sometida a humillaciones públicas y privadas, al silencio (pues “Una niña debe hablar lo menos posible con los mayores”) y a los bruscos cambios en su estilo de vida, Antoinette se siente perdida y anulada. Se convierte en una persona dramática y amargada (algo aprendido de su madre), con sueños de grandeza y deseos encontrados de castigar al mundo y abandonarlo todo. El conflicto ocurre porque ambas desean lo mismo (“yo quiero vivir”, “yo quiero ser amada”, “yo quiero bailar”, “yo quiero ser admirada”) y se encuentran enfrentadas en una competencia que resulta antinatural entre madre e hija.

Antoinette se siente prisionera entre gente sin clase. “Nuevos ricos”. En la novela de Nemirovsky nos adentramos en el mundo de las apariencias, las hipocresías y la superficialidad. La vida social gira alrededor de la reputación, de la cantidad, de la ostentación. Y unos nuevos ricos como los Kampf, entrando apenas al “baile de máscaras”, resultan especialmente grotescos. Antoinette ha sido criada en este ambiente de doble moral, de puñales traperos, de intenciones maquilladas, y ha aprendido a comportarse de igual manera, cultivando la más baja opinión de la gente y los más oscuros deseos sin decir nunca la verdad ni dejar traslucir las emociones (llorar en público la avergüenza). La educación en casa resulta ser sólo otro mecanismo de control, parte del encierro agobiante. La niña vive en una soledad rencorosa, sintiéndose impotente.

La venganza de Antoninette parece suceder por un impulso y no por un acto premeditado. “Una necesidad salvaje de desafío y de hacer daño” la inspira para destruir las invitaciones de las que dependía el triunfo social de su madre. Sin embargo esto no fue cosa de un momento: la niña llevaba tiempo rumiando su odio. Y la catástrofe resulta más espectacular de lo que ella se imaginó, y se da el gusto de verlo en primera fila, aunque paralizada por la emoción: cómo la orgullosa Rosine quedaba humillada frente a la señorita Isabelle, precisamente la persona en la que esperaba despertar envidia. Esta última ironía nos lleva al final del baile fallido. La novela nos dice solamente que una de las dos quedará en las sombras mientras la otra triunfará: el desenlace de una relación tóxica entre dos mujeres con deseos encontrados. Nemirovsky nos hace un relato profundamente emocional y femenino, en el que entran en juego las relaciones familiares y las de la sociedad (entre razas, religiones y clases sociales) poniendo en el centro la identidad que construye para sí una adolescente soñadora y triste a quien la humillación a la madre/enemiga le arranca una sonrisa secreta en la última página.

Es una novela muy corta y hermosa, realmente se las recomiendo.

"El reloj toca cuatro veces... Otra hora perdida, hundida, que se ha escurrido entre los dedos como el agua y no volverá..."

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